Misión de Moisés I.

Aquí debería iniciarse la serie de signos y prodigios con los cuales Dios va a enfrentar al faraón; sin embargo, los redactores del libro no quisieron dejar de lado las diversas tradiciones sobre los distintos encuentros de Moisés y Aarón con el rey egipcio, de modo que encontramos escenas repetidas.
Antes de comenzar con lo que tradicionalmente conocemos como las «plagas de Egipto», el redactor considera importante subrayar la calidad del Dios que se enfrentará al poder egipcio: es el mismo Dios de los antepasados del pueblo, que mantiene su promesa y muestra favor hacia los débiles y perdedores (2-8). Por otra parte, se subrayan las dos actitudes fundamentales de esta historia: en primer lugar, la del pueblo, que, a pesar de los anuncios de Moisés, aún no cree que su suerte pueda cambiar (9). En 4,31, ellos habían creído, pero ante el incremento del trabajo y de la opresión dan marcha atrás. La otra actitud es la de Moisés: aún siente la necesidad de sacar a su pueblo de la tierra que los oprime, pero la duda, la incertidumbre y el pesimismo pueden más ante la dureza y la inercia de su pueblo. Con todo, la voluntad del Señor continúa firme (13).

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