Dios, a través de Jeremías, exhorta a los habitantes de Judá a ponerse a salvo. El Señor se vale de Babilonia, «un asesino de pueblos» (7), para castigar a Judá. Jerusalén tiene que prepararse para ser invadida y asediada. El castigo es consecuencia de la conducta de Israel, que ha corrompido su corazón y se ha revelado contra su Dios (18).
