Luz perpetua.

Vuelve a aparecer el tema de la luz, pero de forma apocalíptica, como en Ap 21,23; 22,5, para indicar cómo la presencia luminosa de Dios, o la gloria de Dios, reemplaza la luz del sol y de la luna. El sueño del pueblo es la realización de la promesa que Dios le había hecho a Abrahán: la posesión de la tierra y la descendencia numerosa (21-22).

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