Probablemente, ante la inminencia de la destrucción, el rey Sedecías establece un pacto con los poderosos de Jerusalén para renovar el compromiso de todo israelita de liberar a sus esclavos cada siete años (Éx 21,2-6; Dt 15,12-18). Esta medida buscaba atraer, quizás, el favor divino. Sin embargo, el mismo profeta denuncia con qué rapidez se volvieron atrás, rompiendo así la renovación del pacto (11).
