Jacob bendice a Efraín y Manasés.

Una última actuación de Jacob antes de su muerte: incorporar a sus dos nietos a la lista de sus hijos, en sus propias palabras, para reemplazar a Rubén y a Simeón, que pronto tendrán que desaparecer. Como quiera que estos sucesos no son una crónica «histórica» en sentido moderno, en realidad se trata de una lectura teologizada de la historia, de la realidad vivida por las tribus del norte que atribuían su procedencia al patriarca José: las tribus de Manasés y de Efraín. Históricamente fue, tal vez, la tribu de Efraín, o por lo menos una porción de ella, la que logró sobrevi-vir a la destrucción del reino del norte (cfr. Os 5,3.5.11.13), y de allí esta proyección al pasado, a la escena donde Jacob prefiere al menor sobre el mayor, una constatación que, entre otras cosas, se ha venido repitiendo a lo largo de las historias patriarcales. La escena concluye con las palabras de Jacob, quien recuerda a José que su lugar y su tierra son Canaán, Siquén, y no Egipto (22), y su declaración de confianza en que Dios mismo los acompañará en el futuro retorno (21).

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