En coherencia con el dato de los cuarenta años de Israel en el desierto, la escuela sacerdotal (P), responsable de este libro, acomoda en la época tardía cuarenta etapas, de un año de duración cada una. Evidentemente, se trata de cifras simbólicas. El desierto ha significado, para la mentalidad israelita, tanto el tiempo como el espacio que la conciencia requiere para transformarse por completo. No era posible entrar en la tierra prometida con mentalidad de esclavos; por eso ninguna tradición antigua sobre la salida de Egipto y el ingreso en la tierra prometida sostiene que dicho evento se haya dado de manera inmediata. Este libro también insiste en que ninguno de los que salieron de Egipto entró en la tierra prometida, ni siquiera Moisés. Con excepción de Josué y Caleb, todos murieron en el desierto.
Los versículos 50-56 son una repetición de Éx 23,23-33 y constituyen al programa de fondo de la conquista.
