Los capítulos 46-51 forman un conjunto de oráculos contra las naciones; en ellos, como era de esperarse, encontraremos palabras de condena contra los enemigos de Israel y contra el mismo Israel, pero también palabras consoladoras cargadas de esperanza (46,27s; 50,4-10.17.20; 51,36; etc.). Los comentaristas nos indican que estos capítulos estaban originalmente colocados después del capítulo 25, que les hacía de introducción. La prueba está en que la traducción griega (LXX) los mantuvo en ese lugar. Se trata, pues, de un trabajo realizado por los redactores posteriores que juzgaron más conveniente ubicarlos en el lugar donde los encontramos hoy.
