Hacia el Mar Rojo.

Es obvio que un acontecimiento tan importante para la fe y la religión israelitas como el de la liberación del poder egipcio presenta variantes. Los especialistas detectan en este pasaje varias tradiciones condensadas en dos: la yahvista (J) y la elohísta (E), las cuales reflejan que el éxodo no pudo haber sido un acontecimiento de un solo día, ni protagonizado por un solo grupo, ni realizado a través de una única ruta de salida. Hay que admitir que el éxodo fue, en realidad, un proceso protagonizado por varios grupos, que hubo varias expediciones por distintas rutas y que, además, como puede desprenderse de 12,38, la liberación no la logró solo la etnia hebrea. Se sumaron otros grupos que o bien habitaban en el mismo Egipto, o bien en las rutas del desierto, o bien en la misma tierra de Canaán, que, como ya sabemos, tenían que soportar el rigor de la opresión egipcia. Admitir estos planteamientos no afecta para nada nuestra tradicio-nal forma de entender el éxodo; al contrario, ayuda a comprender nuestro caminar cristiano también como el de un grupo oprimido que hoy busca liberarse del dominio de los faraones modernos. Hay una convicción profunda respecto a la sintonía entre las aspiraciones del pueblo y el querer de Dios, al punto de expresar esa compañía y presencia divinas de día y de noche, ya en forma de columna de nubes durante el día, ya en forma de columna de fuego durante la noche.

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