No está claro si se trata de uno de los últimos pasos de las celebraciones de la alianza. Este paso consistía en enumerar una lista de bendiciones si todos los términos de la alianza se cumplían, o de maldiciones si llegaban a quebrantarse (cfr. Dt 28). Hay quienes piensan que se trata más bien de un «discurso de despedida», ya que su conte-nido no hace referencia tan clara a los términos de la Alianza; se plantea que este discurso pretende animar al pueblo en la época difícil de los inicios de la monarquía (alrededor del s. IX a. C.), dado que se mencionan las fronteras del reino de David y de Salomón (31); al menos, se trataría de un texto adaptado para aquella época mediante la inserción de estos límites. En definitiva, la intención de este pasaje es advertir al pueblo sobre la fidelidad a los compromisos del Sinaí, sobre todo en un ambiente como el de Canaán, donde la comunidad israelita está rodeada de otros pueblos con culturas, creencias, religiones y prácticas que Israel debía considerar abominables y contrarias a su modo de ser, al punto de tener como prioridad destruirlas por completo. Con todo, en la predicación de los profetas es frecuente la denuncia de la contami-nación de la religión de su pueblo por las prácticas cananeas.
