Ezequías, ya recuperado de su enfermedad, recibe a los enviados del rey de Babilonia, quien buscaba aliados contra Asiria. El rey de Judá hace alarde de su riqueza ante la embajada sin sospechar que ese mismo pueblo, Babilonia, causará la caída de Jerusalén más de un siglo después, en el 587 a. C. (6).
