El resto de Israel.

El amor y la pasión de Dios por su pueblo se presentan mediante la metáfora del fuego (cfr. Dt 4,24-30), que en «un solo día» devastará el campamento asirio que sitiaba Jerusalén (17). Este oráculo alienta la esperanza en un tiempo determinado: «aquel día» (20), en el que Dios actuará en favor de un «pequeño resto», así como ya había obrado en la historia del pueblo. La referencia a la arena del mar evoca la promesa que Dios le hizo a Abrahán (Gn 22,17).

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