El mensaje comienza con una amenaza de destrucción universal (2), que nos recuerda a Gn 6,13. El motivo: los pecados de Judá y de Jerusalén, que se expresan en la idolatría y en los cultos animistas y astrológicos (5). Judá alcanzó el punto máximo de paganismo en tiempos de Manasés (698-643 a.C.), cuando se abrieron las puertas del reino a todo tipo de culto pagano, lo que generó un sincretismo religioso: se adoraba al Señor y, al mismo tiempo, a Milcom (5), dios amonita. La paciencia del Señor ha llegado a su fin; la única salida es la destrucción.
