El mensaje de Amós comienza con una serie de ocho oráculos de condena, los siete primeros contra los reinos vecinos, incluido Judá, y el último, contra Israel. Si los demás pueblos son juzgados por sus luchas geopolíticas, el pecado de Israel es de tipo social: la insalvable brecha entre ricos y pobres; la falta de justicia y de auxilio a los más vulnerables; los líderes han olvidado cuidar del débil y proteger al inocente (2,6s). Viven en medio del derroche a costa del empobrecimiento del pueblo (2,8), perdiendo de vista que el Señor se fijó en Israel porque era un «no-pueblo» pobre y olvidado en Egipto. Eliminan a quienes les recuerdan la alianza con el Señor (2,12). Por eso, el castigo es inminente, nadie escapará (2,14-16).
