El libro de Daniel tiene una larga y compleja historia de composición. Está escrito en tres lenguas: hebreo, arameo y griego, y abarca el dominio de cuatro imperios: el Babilónico en el siglo VII a. C., el Persa, el de los faraones Lágidas o dinastía ptolemaica reinante en el Egipto helenístico entre los años 305 y 30 a. C., y finalmente el de los reyes seléucidas de Siria en el siglo II a. C. El mensaje recurrente y central del libro se relaciona con el desafío de permanecer fieles al Dios de la alianza bajo la opresión política de reyes extranjeros. La hostilidad se vuelve aún más cruel cuando Antíoco IV Epífanes (175-164 a. C.) cercena la libertad religiosa del pueblo. Muchos expertos sostienen que al menos la mayor parte del libro habría sido escrita en este último período, cuando finalmente fue compilado. De hecho, la resolución de Daniel y sus compañeros de no contaminarse (8) refleja la intención de Antíoco IV de forzar a los israelitas a comer comida prohibida (1 Mac 1,62-63; 2 Mac 6,18; 7,1).
Los primeros versos de este libro sitúan el escenario al comienzo del exilio en Babilonia, cuando el rey Nabucodonosor escoge a los mejores jóvenes de Judá, entre los que se encontraba Daniel, para servir en su palacio. La sabiduría de estos jóvenes es muy superior a la de los magos y encantadores del rey caldeo (19-20).
