Contra Egipto.

El Señor va montado en una nube, como en la visión de la gloria de Ez 1,4. La presencia gloriosa de Dios (cfr. Éx 40,34; 1 Re 8,11) juzga a Egipto y causa el caos en su tierra; sus magos y adivinos no tienen el poder para predecir lo que Dios planea hacer.

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