Recurriendo a la predicación de los profetas anteriores al destierro, Zacarías enseña la necesidad de otorgar un sentido de justicia también a las prácticas religiosas. Si no hay inclinación ni sensibilidad por los más débiles y excluidos de la sociedad, ninguna práctica religiosa sirve para nada, ni siquiera se debe hacer, y mucho menos en nombre del Señor. Rememorando la indiferencia de los habitantes de Jerusalén ante la prédica de los antiguos profetas (9-12), Zacarías prevé a esta nueva generación el rechazo del Señor a prácticas religiosas vacías y que castigan las injusticias (13ss).
