Consuelo de Sión.

Personificada como una mujer abandonada por su marido, Jerusalén se queja ante el Señor (14). Dios le asegura a Sión que su queja es infundada porque su amor y ternura por ella son aún más fuertes que los de una madre por el hijo de sus entrañas (15). El v. 17 trata de los exiliados que regresan y encuentran dificultades y hostilidad al reconstruir la ciudad. Ellos son tan preciosos para el Señor como las joyas de una novia (18). Dios los bendecirá con una descendencia numerosa (20), hasta el punto de que la ciudad se sorprenderá (21).

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