Una preocupación muy fuerte para el pueblo israelita era la cuestión del derramamiento de sangre, lo que podía atraer grandes desgracias, signo, además, de la preocupación por la defensa de la vida; de ahí que se tuviera en cuenta el caso del hallazgo de un cadáver sin que se supiera quién era el autor del crimen. El asunto no podía pasar inadvertido; el solo hallazgo ya responsabi-lizaba a quien lo hubiese encontrado; se establece, entonces, como responsables de expiar la culpa a los habitantes del poblado más cercano al cadáver (2s). Mediante el rito que describen los versículos 3-6, se carga la culpa sobre una ternera que aún no haya sido utilizada para arar, y se recita la fórmula de los versículos 7s, con lo cual Israel queda libre de toda culpa por derra-mamiento de sangre.
