La mesa, especialmente diseñada con materiales preciosos, indica su uso sagrado exclusivo. Servía para contener los panes presentados, los panes de la presencia o de la proposición. El pan servía de recordatorio de la alianza de Dios con las doce tribus de Israel. Lv 24,5-9 indica que debían ser doce tortas de pan sin levadura, que se cambiaban cada sábado y se consumían exclusivamente por los sacerdotes. Una tradición cuenta que David y sus acompañantes, hambrientos, entraron en el Santuario y, al no encontrar qué comer, consumieron estos panes (1 Sm 21,1-6). A esa tradición se refiere Jesús en Mc 2,25-28 para indicar que ni siquiera estas normas tan rígidas pueden estar por encima del ser humano.
