Bendiciones de Moisés.

Anunciada ya la muerte de Moisés en el capítulo anterior, lo más lógico es que se dirija al pueblo para pronunciar su discurso de despedida. Esta despedida la hace en forma de bendición y, como padre que bendice a sus hijos e hijas antes de morir (cfr. Gn 27,27-40; 48,15s; 49,1-28), Moisés se dirige a cada una de las tribus como si en realidad fuera su padre.
Para la época en que se retoma este antiguo texto atribuido a la corriente Elohísta (E), estas palabras podrían resultar amargas o, cuanto menos, irónicas, pues Israel está viviendo las expe-riencias más difíciles y tristes de su vida. Podríamos decir que la finalidad de este pasaje, aparte de concluir el libro, es consolar y animar al pueblo, induciéndolo a pensar que el cumplimiento de la Ley es el único camino para su restauración, obra que solo puede realizar Dios, para quien todo es posible, aunque con el compromiso del pueblo.

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