Asalto y conquista de Nínive.

Después de anunciar la paz que se cierne sobre los pueblos, pero centrada en Judá (1s), el profeta describe, como si se tratara de una visión, el gran ajetreo bélico que precede a la caída de Nínive. Se confunden en una sola masa los atacantes y los defensores, los gritos, el tropel de caballos y carruajes. A todo el barullo se suman los gritos y los lamentos de las sacerdotisas de Istar, la diosa asiria, expulsada de su ciudad. El poder asirio se representa mediante el animal más poderoso entre las fieras: el león. Pero el Señor se hace presente y, ante su presencia, no queda nada del esplendor y la prepotencia de Asiria; la espada y el fuego con que Asiria arrasaba a sus adversarios acabarán con ella ahora.

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