Anuncio del castigo.

A pesar de la inminente amenaza de invasión, nadie se da cuenta de lo que sucede; el mismo profeta es pesimista, incluso la Palabra de Dios es objeto de burla (10); con todo, mientras el ambiente moral y religioso se pinta tan sombrío, pues ni profetas ni sacerdotes dan ejemplo y hasta maquillan la realidad (14), la Palabra tiene que ser anunciada a otro auditorio que casi nunca es tenido en cuenta: los muchachos y grupos de despreocupados jóvenes de las calles (11). Es necesario que la Palabra de Dios se anuncie siempre a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella (cfr. 2 Tim 4,2), y que esa Palabra, que no es nuestra, sino de Dios, aunque no agrade a muchos, se anuncie en todo momento y desenmascare a quienes son expertos en maquillar la realidad.

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