Dos nuevas acciones simbólicas para ilustrar el rumbo que tomarán los acontecimientos en Judá y Jerusalén. Haciendo una especie de pantomima, Ezequiel da a entender que incluso el propio rey de Judá buscará huir, pero no escapará al castigo (12-14). La consecuencia de la invasión definitiva será el hambre y la muerte. Sin embargo, Dios deja abierta la esperanza para unos pocos sobrevivientes (16).
