Tenemos un relato paralelo sobre el agua de la roca en Éx 17,1-7, con características similares, pero también con grandes diferencias. Una de ellas es el doble golpe que Moisés propicia a la roca con su vara (11) y la reacción negativa de Dios, que condena a Moisés y a Aarón a no entrar en la tierra prometida (12). Esto bien podría ser la forma narrativa de anticipar la noticia de la muerte de Aarón y de Moisés en el desierto. Seguramente, la tradición israelita siempre se preguntó por qué Moisés y Aarón no condujeron al pueblo también en la conquista de la tierra prometida. La única «explicación» es mediante el arreglo de un relato como este, en el cual hay una supuesta desobediencia de Moisés, no de Aarón; incluso, los términos de la falta de Moisés no están claros. Con todo, esa no es la preocupación del redactor. Lo que le importa es demostrar que, pese al papel de Moisés, a su figura y a su peso delante de Dios, no por ello podía darse el lujo de contradecir su plan. O tal vez, porque ni siquiera Moisés podía entrar en la tierra de la libertad, según el criterio del mismo plan divino: no esta primera generación, sino la siguiente, será la que entre en el país, con excepción –claro está– de Josué y Caleb.
