Con frecuencia, la buena salud, la prosperidad y el poder político y militar conllevan cierto engreimiento y olvido de Dios. Como el pueblo ya ha experimentado los efectos negativos de alejarse del camino trazado por el Señor, ahora el predicador, con la intención de renovar la alianza, exhorta al pueblo a no repetir los errores del pasado para no ser destruido de nuevo. Los efectos negativos que conlleva alejarse de Dios, olvidándolo, olvidando su proyecto de vida, de libertad y de justicia, no son estrictamente un «castigo de Dios», sino el resultado del rechazo a la vida, que no puede ser otro que el derrumbamiento ético y moral, y que la Biblia describe como destrucción y muerte.
