Dicen: ¡Qué aburrimiento!, y me desprecian –dice el Señor Todopoderoso–. Me traen víctimas robadas, rengas, enfermas, y, ¿voy a aceptarlas de sus manos? –dice el Señor–.
Dicen: ¡Qué aburrimiento!, y me desprecian –dice el Señor Todopoderoso–. Me traen víctimas robadas, rengas, enfermas, y, ¿voy a aceptarlas de sus manos? –dice el Señor–.