porque el Señor devasta Babilonia, pone fin a su enorme griterío, por mucho que rujan sus olas como un océano y resuene el estruendo de sus voces.
porque el Señor devasta Babilonia, pone fin a su enorme griterío, por mucho que rujan sus olas como un océano y resuene el estruendo de sus voces.