El Señor siguió diciéndole:
–Mete la mano en el pecho.
Él la metió, y al sacarla tenía la piel descolorida como la nieve, enferma de lepra.
El Señor siguió diciéndole:
–Mete la mano en el pecho.
Él la metió, y al sacarla tenía la piel descolorida como la nieve, enferma de lepra.