BAUTISMO DEL SEÑOR
Mateo 3,13-17
Buen domingo para todos.
Será útil introducir el texto evangélico de hoy con una breve presentación del lugar al cual el texto se refiere pues tiene un significado teológico, y esto sucede a menudo en la Biblia. La tradición coloca el bautismo de Jesús en Betabara. Ahí lo tienen indicado en el mapa. Se encuentra a 9 kilómetros al norte de la orilla del Mar Muerto, hoy en la actual Jordania. El rio Jordán se cita 179 veces en la Biblia, por tanto, tiene una importancia grande, pero no se trata de una importancia económica.
A lo largo de la rivera de este rio no ha surgido ninguna ciudad grande. Es la diferencia con los grandes ríos admirados por los israelitas: el Nilo en Egipto y el Tigris y Éufrates en Mesopotamia. A lo largo de estos grandes ríos habían nacido importantes imperios. El rio Jordán no tenía ninguna importancia de este tipo. ¿Qué significaba el rio Jordán en la Biblia?Tenía la importancia de señalar una frontera entre la tierra pagana, idolátrica, y la tierra de la libertad.
¿Qué hacía el Bautista? Predicaba la conversión, a reconocerse pecadores. Luego, bautizaba a aquellos que acudían a él. Los hebreos, especialmente las personas más observantes de las tradiciones, como los monjes de Qumram o los fariseos, tenían muchas inmersiones en el agua para purificarse.
Los arqueólogos han encontrado estos pozos, basta pensar que junto al templo de Jerusalén existían al menos unos cien. Pero el rito del bautismo era una inmersión muy particular. Tenía el significado simbólico de hacer desaparecer la persona anterior, como si estuviera muerta; luego, del agua nacía una persona nueva.
Este rito se hacía, por ejemplo, cuando un pagano se hacía hebreo, declaraba que renunciaba al culto de la divinidad pagana, profesaba la fe en el único Dios, luego si era varón era circuncidado y luego era bautizado. Quería decir que el hombre anterior, el pagano, es como si nunca hubiera existido y del agua nacía un judío. Lo extraño de eso es que Juan llamaba a ser bautizados no a los paganos sino a gente de su pueblo, a aquellos que siendo hijos de Abrahán consideraban que ya habían obtenido la salvación; se sentían bien, libres, ya habían alcanzado la tierra prometida.
El bautista cuestionaba esta creencia: ‘no han llegado aún a la tierra prometida; están todavía en el mundo pagano’. Por tanto, les pedía lo siguiente: regresen a la tierra pagana porque deben hacer un nuevo éxodo; deben volver a pasar el rio Jordán antes de entrar en la tierra de la verdadera libertad.
El evangelista Juan dice que toda la Judea acudía al Bautista. Regresaba al otro lado del Jordán, en la tierra de la esclavitud, y este gesto servía para hacer tomar conciencia que tenían necesidad de pensar en otra tierra prometida; aquella la que el Bautista había indicado habría introducido al pueblo a la tierra de la verdadera libertad. Es por esto que, cuando los fariseos y los saduceos acuden al Bautista –los cuales no querían dejarse bautizar… no sentían esta necesidad porque no tenían conciencia de ser todavía esclavos– el Bautista los ataca. Les dice: “¡Raza de víboras! ¿Quién les ha enseñado a escapar de la condena que llega? No piensen que basta con decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo les digo que de estas piedras pude sacar Dios hijos para Abrahán” (Mt 3,7-9).
Debían darse cuenta de su condición de esclavitud; no de una esclavitud material, aunque luego estaban sujetos al imperio romano, sino de una esclavitud que les impedía ser realmente personas: esclavos de las propias pasiones, del propio orgullo, de las propias maldades, de la infidelidad a la Torá y a la palabra de los profetas. Todo esto hace esclavo a la persona y hay necesidad de tomar conciencia de esta realidad, de este hecho. Es en este contexto cultural y religioso cuando Jesús deja Nazaret, baja a Betabara para hacerse bautizar por Juan.
Es el comienzo de la vida pública de Jesús que Mateo narra comenzando en el capítulo tercero. También en los otros evangelios la vida pública de Jesús comienza con el bautismo, cuando Jesús acude a Betabara para dejarse bautizar por Juan. El evangelio de Mateo presenta a Jesús, al final del capítulo segundo, que va a Nazaret junto con sus padres, con 2 años. Luego, en el capítulo tercero, Jesús entra en escena cuando tiene 34 años.
Por tanto, han pasado 32 años entre el final del capítulo segundo y el comienzo del capítulo tercero. ¿Qué ha pasado en estos primeros 34 años de la vida de Jesús? Nunca lo sabremos. Los evangelios apócrifos han intentado responder a nuestra curiosidad inventando muchos episodios que nos son muy conocidos, pero que no son importantes para nuestra fe. Solo nos interesa el tiempo cuando Jesús se presentó al mundo públicamente para darnos la verdadera imagen de Dios y de la persona cabal, completa. Lo extraño es que Jesús acuda a Betabara para hacerse bautizar.
Luego, después del bautismo no regresará ya a Nazaret, sino que iniciará su vida pública en Cafarnaún. Pero lo extraño es que acuda para hacerse bautizar pues nadie habría esperado un Mesías que reconociese ser pecador…. que acudiese al Bautista para unirse a todos los demás pecadores para convertirse… NO.
El Mesías no debería cumplir este rito, este gesto. De hecho, trajo problemas a los primeros cristianos el que Jesús se haya hecho bautizar junto con los pecadores ya que él no era pecador. Escuchemos lo que aconteció: Jesús fue desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan se resistía diciendo: Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le respondió: Ahora haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos la justicia plena. Ante esto Juan aceptó.
La iglesia ortodoxa que ven a mi espalda indica el lugar preciso donde se encontraba el Bautista y donde Jesús acudió para hacerse bautizar. Se encuentra en la parte oriental del rio Jordán. Ese mismo río que luego debía ser atravesado para comenzar el nuevo éxodo con Jesús que debía guiar este pueblo hacia la tierra de la verdadera libertad. El lugar de llamaba: Betabara. Esta palabra hebrea viene de ‘beth’ = la casa y ‘abar’ que significa ‘atravesar’; es el lugar del vado, el lugar donde el pueblo de Israel, que venía de la tierra de la esclavitud de Egipto, había atravesado el desierto y había pasado el rio Jordán exactamente aquí, en Betabara, y había entrado en la tierra prometida.
Ahora había un contra-éxodo pedido por el Bautista y luego el verdadero éxodo que debe llevar al reino de Dios. ¿Qué hace el Bautista cuando Jesús llega para hacerse bautizar? Se lo quiere impedir. ¿Por qué razón? Es como si el Bautista le dijese a Jesús: ‘Tú, Jesús, estás fuera de lugar. No entiendo qué es lo que viniste a hacer’. Y, de hecho, el Bautista no podía comprender la opción hecha por Jesús pues no correspondía a la idea que el Bautista tenía en mente sobre el Mesías: un Mesías que al ser justo no podía mezclarse con los pecadores.
Y, poco tiempo después el Bautista entrará en crisis pues tenía la imagen de un Dios, de un Mesías enviado por Dios que se asemejara al Señor, por tanto, que estuviese lejos de los pecadores, de los leprosos. Pero el Dios presentado en el rostro de Jesús es completamente diferente. Jesús estará con los pecadores, con los que se han equivocado en la vida, con los publicanos. Según el criterio y las expectativas del Bautista, Jesús comienza mal. Por eso, quería impedírselo. Este gesto del Bautista es similar a lo que hace Pedro un poco más adelante. Pedro querrá impedirle a Jesús recorrer un cierto camino que no entra en sus criterios mesiánicos.
Aquí el Bautista se comporta como luego lo hará Pedro; y Jesús llamará ‘satanás’ a Pedro… ‘ustedes de oponen al camino que yo debo recorrer’. El Bautista hace exactamente el mismo gesto que Pedro. Quiere impedírselo a Jesús porque no entiende lo que Jesús está haciendo. En algunas traducciones el texto original no ha sido bien traducido porque Jesús dice: ‘Haz lo que te digo’; y cuando el Bautista acepta bautizar a Jesús el texto dice: ‘Ante esto Juan aceptó (ἀφίησιν) = ‘permitió’. ‘Lo dejó’.
Es una expresión que aparece dos veces en el evangelio de Mateo. Una vez aquí, cuando el Bautista lo dejó y luego, después de la tercera tentación, cuando satanás lo dejó, no consiguió que Jesús acepte su propuesta. Aquí es como si el Bautista lo quisiese llevar a aceptar sus criterios de justicia… luego el Bautista lo deja. Acepta que Jesús cumpla con su justicia, que no es la de los criterios de justicia que el Bautista tenía en mente: cortar los árboles que no dan fruto, quemar la paja en el fuego eterno. Por tanto, la separación de los buenos y de los malos. NO.
Ahora entra la nueva justicia que es la total gratuidad del amor de Dios que Jesús revelarádurante toda su vida pública. ¿Qué es lo que el Bautista no comprendía? No comprendía lo que ya el Antiguo Testamento había comenzado a revelar. Y es que Dios está siempre con su pueblo, de manera incondicional. Esto se realizará en plenitud con Jesús que es el Emanuel, Dios-con-nosotros.
Pero ya el Antiguo Testamento mostraba este amor incondicional de Dios que caminaba con su pueblo. Recordemos la columna de nube y de fuego que acompañaba a Israel en el camino del desierto. Luego, el Arca de la Alianza, colocada en una tienda y esta tienda estaba junto a las tiendas del pueblo de Israel durante el camino. Luego, el templo de Jerusalén que indicaba precisamente la presencia de Dios en medio der Israel. Y cuando este pueblo sea deportado a Mesopotamia, el profeta Ezequiel ve a querubines que toman el Arca de la Alianza, que es la señal de la presencia de Dios, y esta Arca es llevada a la cima del Monte de los Olivos y de allí sale para Oriente porque Dios no puede estar lejos de su pueblo. Si el pueblo es deportado, también Dios va para estar con su pueblo. Y, nuevamente el profeta Ezequiel, verá esta Arca que regresa a Jerusalén, junto con su pueblo.
Escuchemos ahora lo que sucede cuando Jesús sale del agua del rio Jordán:
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él; se oyó una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto.
Para explicar lo sucedido durante el bautismo de Jesús, el evangelista Mateo emplea tres imágenes bíblicas.
La primera: “Se abrió el cielo”. Los rabinos sostenían que los cielos eran siete. Y sobre el séptimo cielo estaba el trono de Dios y entre un cielo y otro eran necesarios 500 años de camino. ¿Qué había acontecido? Que en los últimos siglos antes de Cristo el pueblo tenía la sensación que Dios hubiese cerrado los siete cielos, cerrados con llave, pues pensaban que Dios ya no quería saber nada con su pueblo.
El pueblo había sido infiel; no habían escuchado a los profetas y ahora Dios se había cansado y no había enviado a otros profetas para hacer oír su voz. Dice el Salmo 74: “No tenemos un profeta, ninguno de nosotros sabe hasta cuándo” (Sal 74,9). ‘No sabemos hasta cuándo durará este silencio de Dios que tanto nos angustia’. También el profeta Daniel que dice: No tenemos jefe ni profeta, ni lugar para ofrecerte holocaustos. ¿Cuándo acabará este silencio de Dios? Esperaban que de alguna manera Dios volviese a mostrar su rostro; estaban arrepentidos de su pecado. Existe una hermosa oración que hace referencia claramente al texto del evangelista Mateo en esta apertura de los cielos que estaban cerrados.
Esta oración del pueblo angustiado ser encuentra en el capítulo 63 de Isaías: cuando la gente se encuentra en estas situaciones angustiantes, se vuelven al cielo y piden a Dios… es una hermosa oración… le dicen a Dios: mira en qué situación nos encontramos… “Estabas enojado, y nosotros fracasamos… todos estábamos contaminados… nos ocultabas tu rostro…Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tus manos” (Is 62,4-7).
Es la primera vez en la Biblia que Dios es invocado como padre. Los hebreos no llamaban a Dios ‘padre’; sí lo hacían los paganos. Los hebreos ya tenían su padre: Abrahán, los patriarcas eran sus padres. En la oración no se invocaba a Dios como padre. Es la primera vez que Dios es llamado padre. “Tú eres nuestro padre: Abrahán no sabe de nosotros, Israel no nos conoce; tú, Señor, eres nuestro padre… ¿Por qué nos extravías lejos de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te respete?” (Is 63,16-17).
Es como decirle a Dios: también tú tienes un poco de culpa… debes estar atento como padre para ver lo que nos conviene. “Nadie invocaba tu Nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; porque nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa” (Is 64,6). Y ahora la invocación: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!” (Is 63,19). “Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano” (Is64,7).
Es una hermosa oración en que el pueblo invoca al Señor para que rasgue el cielo. Lo que el evangelista Mateo quiere decir es que cuando Jesús ha comenzado su vida pública con el bautismo, cuando salió del agua, estos cielos se rasgaron.
El evangelista Marcos emplea un verbo muy fuerte: ‘squízomai’ que quiere decir: ‘desgarrado’, ‘roto’ ‘quebrantado’. No se pueden volver a cerrar; permanecerán siempre abiertos. Es una comparación muy buena porque desde que el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros, los cielos no pueden volver a cerrarse pues en ese caso su Hijo permanecería fuera,ese Hijo que se ha hecho uno con este pueblo que es pecador y que comete errores. La puerta de la casa del Padre permanecerá eternamente abierta de par en par para recoger a todos sus hijos e hijas. Nadie será excluido.
La segunda imagen que es empleada: Jesús ve el Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. No dice que es una paloma que ha venido del cielo. NO. Es el Espíritu, esta fuerza divina, esta vida divina que Jesús posee en plenitud y será la que lo guiará durante toda su vida. Jesús no recibe órdenes del exterior; las recibe de su identidad divina, esa vida que luego nos comunicará a nosotros; es la misma vida que Jesús trajo al mundo y nosotros recibimos la indicación de cómo vivir, ya no más de nuestros instintos sino de la vida divina que está en nosotros.
Este Espíritu ha bajado como paloma. ¿Qué significa esta comparación? Es una imagen bíblica, no una paloma que vuela. La imagen del Espíritu que es como paloma. El primer recuerdo que tenemos de la paloma en la Biblia es la del diluvio, cuando se restableció nuevamente la armonía entre el cielo y la tierra, la paz. Ahora está con nosotros el ‘Emanuel’, el Dios-con-nosotros. La segunda aplicación que tiene la paloma deriva del hecho que la paloma es tierna… el Espíritu de Dios que baja en plenitud en Jesús es como la paloma,tierno.
Recordamos que del cielo Dios lanzaba fuego, tiraba flechas para derrotar a los enemigos.Incluso el Bautista tenía esta imagen de Dios que viene para cortar los árboles y hacerlos pedazo. NO. El Espíritu se manifestará en Jesús con ternura, con dulcedumbre, con amor… no cortará la caña inclinada, no apagará el pabilo que aún humea; será siempre tierno con la gente. Distinguirá siempre muy bien entre el error y el que comete el error. Quien comete un error será siempre amado perdidamente por Dios.
Este es el amor incondicional revelado por el Espíritu que anima a Jesús como paloma.También la paloma es el símbolo de la pertenencia al propio nido; la paloma regresa siempre a su nido. Y el Espíritu desciende sobre Jesús porque ese es el nido que ha acogido en plenitud al Espíritu, la vida divina.
La tercera imagen bíblica es la voz del cielo, que dice: “Éste es mi Hijo querido, mi predilecto”. ¿Qué es esta voz del cielo? Es una imagen muy común empleada en tiempos de Jesús. Todos comprendían el significado. No es una voz material. Es una expresión que se empleaba frecuentemente en la literatura y empleada cuando se quiere atribuir a Dios una afirmación.
En nuestro ejemplo, para definir el nombre de Dios, la identidad de Jesús. ¿Qué dice esta voz? “Tú eres mi Hijo”. La referencia es al salmo segundo. ‘Hijo’: cuando en la cultura semítica se dice que uno es ‘hijo de un cierto padre’, más que ‘generado de’, se entiende ‘el que se asemeja a’, el que se asemeja no solamente en las facciones exteriores, sino especialmente en lo que caracteriza a uno como ‘persona’: los valores en que cree, las opciones morales, la manera de pensar, de hablar, de comportarse… ‘se asemeja al padre – por tanto, es hijo’.
Si la voz del cielo dice: “Este es mi Hijo” quiere decir: obsérvenlo a él porque cuando lo ven a él me ven a mí. Es mi Hijo, en quien me reconozco. Estamos al comienzo del evangelio de Mateo y en este año observaremos a este Jesús que se hace ver. Cuando nosotros lo veamos sabremos que estamos viendo al Padre del cielo a quien se asemeja perfectamente. Es el ‘predilecto’.
La referencia es a Isaac. Abrahán tuvo dos hijos y uno fue el predilecto. Y Jesús es presentado como el que está plenamente involucrado en el amor del Padre. ‘En ti me complazco”. Aquí la referencia es al Siervo del Señor tal como se presenta en el capítulo 42 del profeta Isaías, cuando Dios llama a este Siervo y Dios dice: en ti me complazco…. Quiere decir que el Padre del cielo se reconoce en Jesús. Es la invitación durante este año a que cuando escuchemos a Jesús y veamos lo que hace debemos tener presente este complacimiento del Padre porque es la invitación a asemejarnos a este Jesús para sentir, también nosotros, que el Padre del cielo se complace con nosotros.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.
