DÉCIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – B
Nuestra hambre de Jesús / Pan partido para un mundo nuevo
Ciclo Litúrgico: B
Introducción
Saludo (Ver Evangelio de hoy)
Hermanos: Hemos estado buscando alimento perdurable,
el verdadero Pan del cielo, Jesús mismo.
Los que creen en él jamás tendrán sed.
Que Jesús, nuestro Señor, sea siempre
nuestro alimento y nuestra bebida de vida,
y que él esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Nuestra hambre de Jesús
Jesús nos confronta hoy con esta pregunta: “¿Por qué me están buscando?” ¿Por qué buscamos nosotros a Dios, a Jesús? ¿Es únicamente por las cosas que él nos da? Recibimos mucho de Dios, es cierto, pero ¿buscamos a Jesús por él mismo, por lo que significa para nuestras vidas? Él es quien da sentido a nuestra vida y quien nos dice cómo podemos seguir creciendo como hermanos y hermanas suyos. Y él nos pide también que aprendamos de él a darnos a los demás, para llegar a ser, por nuestra entrega, como comida y bebida los unos para los otros. Pidámosle que nos enseñe cómo.
2. Pan partido para un mundo nuevo
Hoy en día hay muchos millones y millones que padecen hambre. Pero ¿es solo de pan, o de arroz o de su alimento básico? Como cristianos, tenemos que preocuparnos por el problema del hambre en el mundo, pero no deberíamos olvidar la tremenda hambre espiritual que anhela la dignidad personal y de los valores humanos, de la justicia y la paz. Hay Alguien que vino a vivir entre nosotros para satisfacer nuestras hambres más profundas y se hizo a sí mismo Pan para la vida del mundo. Es Jesús, el Señor, que está aquí en medio de nosotros. Si creemos en él y lo seguimos en su camino de entrega de sí mismo, podemos trabajar con él para llevarle, a un mundo hambriento, el alimento que sacie toda clase de hambre.
Acto Penitencial
Pidamos ahora al Señor que perdone nuestros pecados;
que esta eucaristía nos acerque más a él
y suscite en nosotros sus mismos sentimientos y su mentalidad.
(Pausa)
Señor Jesús, Pan de Vida,
tú nos alimentas con tus palabras de vida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, Pan de Vida,
tú te das a ti mismo en la eucaristía como comida y bebida.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, Pan de Vida,
tú nos pides que, por nuestra entrega, nos convirtamos,
los unos para los otros, en alimento y comida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, en tu bondad perdona nuestros pecados y susténtanos con tu Cuerpo y con tu Sangre en nuestro caminar hacia la vida eterna.
Oración Colecta
Pidamos a Dios nuestro Padre
que Jesús sea para nosotros Pan de Vida.
(Pausa)
Señor, Dios de vida:
Tenemos hambre de felicidad y de vida eternas
y de ver cumplidas todas nuestras esperanzas.
Sacia todas nuestras hambres
por medio de tu Hijo Jesucristo, nuestro Pan de Vida.
Y, cuando él nos haya colmado de sí mismo,
que nos guíe y fortalezca
para que sepamos proporcionar a un mundo que espera
el alimento de reconciliación y alegría
que solo tú puedes dar cabalmente.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Dios alimenta a su Pueblo
En su marcha hacia la Tierra Prometida, el Pueblo de Dios tiene que aprender a confiar en él. Él cuida de ellos y les da, cada día, el maná como señal de su cuidado.
La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto,
diciendo:
–¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.
El Señor dijo a Moisés:
–Yo les haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi ley o no.
–He oído las protestas de los israelitas. Diles: Hacia el atardecer comerán carne, por la mañana comerán pan hasta quedar satisfechos, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios.
Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento.
Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino parecido a la escarcha.
Al verlo, los israelitas preguntaron:
–¿Qué es esto?
Porque no sabían lo que era.
Moisés les dijo:
–Es el pan que el Señor les da para comer.
Salmo Responsorial
<span style="color: #008000">Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54</span>
R. (24b) El Señor les dio pan del cielo.
Cuanto hemos escuchado y conocemos
del poder del Señor y de su gloria,
cuanto nos han narrado nuestros padres,
nuestros hijos lo oirán de nuestra boca.
R. El Señor les dio pan del cielo.
A las nubes mandó desde lo alto
que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná sobre su pueblo,
trigo celeste envió como alimento.
R. El Señor les dio pan del cielo.
Así el hombre comió pan de los ángeles;
Dios le dio de comer en abundancia
y luego los condujo hasta la tierra
y el monte que su diestra conquistara.
R. El Señor les dio pan del cielo.
Segunda Lectura
Llegar a ser nuevos en Cristo
Los cristianos no deberían dejarse llevar ya más ni por sus caprichos ni por deseos de inmediata gratificación personal, porque han llegado a ser nuevos en Cristo.
Conducta cristiana
En nombre del Señor les digo y recomiendo que no procedan como los paganos: con sus inútiles pensamientos,
Pero no es eso lo que ustedes han aprendido de Cristo;
si es que de veras oyeron hablar de él y de él aprendieron en qué consiste la verdad.
Despójense de la conducta pasada, del hombre viejo que se corrompe con sus malos deseos;
renuévense en su espíritu y en su mente;
y revístanse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios con justicia y santidad auténticas.
Aclamación antes del Evangelio
<span style="color: #008000">Mateo 4, 4b</span>
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.
Evangelio
“Yo soy el Pan de Vida”
Los judíos tienen hambre y ansían el pan. Jesús les dice que lo busquen a él, Jesús mismo, que es el verdadero pan bajado del cielo. Él se les va a dar a sí mismo.
Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron:
—Maestro, ¿cuándo llegaste aquí?
Jesús les respondió:
—Les aseguro que no me buscan por las señales que han visto, sino porque se han hartado de pan.
Trabajen no por un alimento que perece, sino por un alimento que dura y da vida eterna; el que les dará el Hijo del Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello.
Jesús, pan bajado del cielo
Le preguntaron:
—¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?
Jesús les contestó:
—La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquel que él envió.
Le dijeron:
—¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito:
Les dio a comer pan del cielo.
Les respondió Jesús:
—Les aseguro, no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo.
El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Le dijeron:
—Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les contestó:
—Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed.
Oración de los Fieles
1. Nuestra hambre de Jesús
Reunidos aquí en el nombre de Jesús, nuestro Señor, traemos ante él las necesidades de su Pueblo y todas las clases de hambre del mundo entero. Digámosle suplicantes: R/Señor, sé el alimento y la vida del mundo.
– Por la Iglesia. Para que sus líderes y ministros alimenten al Pueblo de Dios con el sólido y sustancioso alimento del Evangelio, roguemos al Señor.
– Por los millones de hombres y mujeres que hoy, en el mundo, no tienen bastante para comer y son demasiado pobres para llevar una vida digna. Para que los que viven en bienestar muestren auténtica compasión para con ellos. Compasión que les mueva a trabajar para que todos tengan una vida más decente y humana, roguemos al Señor.
– Por los cristianos divididos. Para que pronto podamos partir juntos el único Pan del único Señor, Jesús, roguemos al Señor.
– Por todas las comunidades cristianas. Para que aprendamos a apreciar el tremendo valor de la Eucaristía y sacar de ella la fuerza espiritual para entregarnos a nuestros hermanos, cercanos y lejanos, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que cada eucaristía en la que participamos se convierta en un encuentro real con el Cristo vivo; que él sacie nuestra hambre de cosas perdurables y nos ayude a amarnos más unos a otros, roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, sé nuestro Pan de Vida en la Eucaristía, pero también sé la luz y la vida de todos los que te buscan, y el cumplimiento y alegría de todos los que te han encontrado. Permanece con nosotros ahora y por siempre.
2. Pan partido para un mundo nuevo
En memoria de tu Siervo, Jesús, que partió para nosotros el Pan de su Amor y derramó por nosotros la sangre de su vida haciendo del servicio mutuo, del compartir y la solidaridad, los signos de un mundo nuevo, te rogamos, Dios Padre nuestro, que envíes el aliento de tu Espíritu sobre nosotros, mientras decimos: R/ Que tu nuevo mundo venga a nosotros.
– Que venga el mundo nuevo; que llegue el día en que los pobres ya no se vean en necesidad ni se sientan rechazados por la sociedad; que venga el mundo nuevo, donde todos tengan suficiente alimento. Que lleguen los días en que todos tengan un corazón de pobre según el Evangelio, roguemos al Señor.
– Que venga el mundo nuevo cuando la gente no viva ya más de pan material solamente sino de la Palabra de su Dios. Que lleguen los días en que los hombres no se callen ya más ni enmudezcan con temor sino que abran sus corazones para alabar a su Dios, roguemos al Señor.
– Que venga el mundo nuevo cuando todos sean llamados y acogidos como hijos de Dios. Que lleguen los días en que la misericordia se muestre a todos, con justicia, prosperidad y paz, roguemos al Señor.
– Que lleguen los días en que ya no haya más ni odio, ni rencor ni guerras; días en que los pequeños y los débiles no sean ya más despreciados sino que puedan ser tratados como verdaderos hermanos y hermanas, viviendo en paz y trabajando todos por la paz y el bienestar, roguemos al Señor.
Padre de bondad: Danos la gracia de que el Espíritu de Jesús viva en nosotros, para que tu mundo nuevo vaya tomando forma en nosotros y siga creciendo. Esta es nuestra súplica hoy, por mediación de Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Para este banquete de acción de gracias
traemos ante ti pan y vino,
regalos que tú mismo nos has dado.
Ellos expresan nuestra vida, con sus luchas.
Te pedimos que se conviertan en signos vivos
de la presencia entre nosotros de tu Hijo,
de modo que él nos sustente
en nuestro viaje a la vida y a la gloria eternas
y nos disponga a entregarnos con él
por la vida y felicidad de todo tu Pueblo.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Con un solo corazón y una sola voz alabemos y demos gracias al Padre porque, a través de Jesucristo, ha dado sentido a nuestras vidas y nos ha prometido una vida y alegría sin fin.
Invitación al Padre Nuestro
Con las palabras de Jesús, nuestro Pan de Vida,
pidamos a nuestro Padre del cielo
que nos dé siempre su pan, el de la Eucaristía:
R/ Padre nuestro...
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.
Haznos nuevos de mente y de espíritu,
créanos de nuevo a tu imagen y semejanza
y aliméntanos con el Pan de Vida
mientras esperamos con alegre esperanza
la venida gloriosa de Aquel
que nos llevará a tu felicidad eterna,
nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino...
Al partir el Pan
El pan que ahora partimos
es el Pan de Vida destinado a ser compartido por todos.
Fortalecidos con este alimento
trabajemos esforzadamente
para que nadie permanezca ni hambriento ni sediento.
Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Señor, el verdadero Pan del cielo
que sacia toda clase de hambre.
Él nos dice ahora: “Yo soy el Pan de Vida
Quien viene a mí ya no tendrá más hambre;
quienquiera que crea en mí no tendrá más sed.”
Dichosos nosotros invitados a este banquete de Salvación.
R/ Señor, no soy digno...
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre amoroso:
En el Pan partido aquí para nosotros
reconocemos a quien es la luz de vida,
Jesucristo, tu Hijo.
Danos siempre este Pan.
Que la eucaristía sea nuestro “pan de cada día”,
que resulta más sabroso cuando se comparte
con los que padecen cualquier clase de hambre.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: El Señor mismo nos ha dicho hoy: “No trabajen por el alimento que perece, sino por el alimento que da vida.” Busquemos, pues, en nuestra vida, al Señor y sus cosas de valor eterno: integridad, justicia y amor. Que éste sea nuestro camino hacia Dios y hacia nuestros hermanos y hermanas, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
