DÉCIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – B
“No guardes la Palabra para ti” / “Que tu vida refleje la Palabra de Dios” / “Habla en mi Nombre: Tú eres un profeta” / Elegidos por Dios en Cristo
Ciclo Litúrgico: B
Introducción
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
nos ha escogido en él y con él
para vivir en su presencia
y para llevar a cabo su plan
de reunirnos a todos en el mismo Cristo.
Que la gracia y la paz del Señor estén siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Cuatro opciones)
1. “No guardes la Palabra para ti”
Un buen test para conocer lo fuerte que es nuestra fe sería cuánto la queremos compartir con la gente que nos rodea. No podemos guardar para nosotros lo bueno, lo valioso, lo bello. Si el Evangelio ha modelado nuestras vidas y sentimos que ha sido algo profundo y precioso para nosotros, ¿por qué no ha de ser Buena Noticia también para otros? No todos estamos llamados a ir a predicar de palabra el Evangelio a tierras lejanas, pero sí todos estamos convocados a dejarlo hablar por sí mismo por el modo cómo lo vivimos. En esta eucaristía pidamos al Señor que nos ayude a vivir profundamente y a expandir valientemente su Buena Nueva de Salvación.
2. “Que tu vida refleje la Palabra de Dios”
La gente ordinaria, como tú y como yo, salimos al mundo con el mensaje de Jesús, sin otra cosa que ofrecer que la Buena Nueva del Evangelio. Y sin embargo el Evangelio se ha expandido a lo largo y ancho del mundo. En los primeros siglos después de la venida de Jesús, la mayoría de los conversos eran ganados para el Evangelio cuando se percataban de ver cómo vivían los cristianos, cómo adoraban o daban culto a Dios y cómo se amaban y servían los unos a los otros. De esa manera vivieron y predicaron el corazón mismo del mensaje evangélico. ¿No será quizás esta sencillez y sinceridad de vida lo que precisamente necesitamos hoy? Con el Señor Jesús en medio de nosotros, le pedimos que nos inspire la mejor manera para dar a conocer su Evangelio.
3. “Habla en mi Nombre: Tú eres un profeta”
¿Quién de nosotros se atreve a alzarse y a hablar claro al ver en nuestra sociedad o en la comunidad local algo que va contra el Evangelio y contra los genuinos valores humanos? El proclamar y difundir el Evangelio no siempre es bien acogido por la gente. Algunos fieles llegan incluso a protestar. Muchas veces los mensajeros necesitan valor y audacia porque van a disgustar a líderes políticos o económicos, quienes replicarán que el mensajero está mezclándose en política y que es un demagogo, cuando lo que hace es simplemente pedir justicia o defender y ser la voz de los pobres que no tienen voz. Pero, como cristianos comprometidos, no podemos quedar mudos; tenemos que hablar porque Dios nos ha confiado su Palabra. El profeta es literalmente un hombre que habla en nombre de Dios. En esta eucaristía pediremos al Señor Jesús, el profeta perseguido y eliminado, que nos dé valor y fortaleza para proclamar su Evangelio.
4. Elegido por Dios en Cristo
No hemos sido nosotros quienes hemos escogido a Dios sea porque él nos guste o porque se ajusta a las ideas que tenemos de él, o finalmente porque parece que responde a nuestras aspiraciones. Es él quien nos ha elegido para que seamos sus hijos e hijas. Ha perdonado nuestros pecados y nos ha dado vida por medio de Jesucristo. Todo se nos ha dado gratuitamente; todo es gracia. ¡Qué ricos somos! Somos el Pueblo de Dios llamado a darle gloria en nombre de todos los hombres, y a llevarlo al mundo. Con Jesús, damos gracias al Padre por habernos escogido como hijos en Cristo Jesús.
Acto Penitencial
Nuestras vidas han estado muy lejos de ser
Buena Noticia de Salvación para otros.
Pidamos al Señor que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús: en ti hemos sido bendecidos
con todo el amor y la gracia del cielo.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús: en ti hemos sido elegidos
para ser santos y sin mancha
a los ojos de Dios.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús: en ti el Padre nos ha escogido
para vivir en su presencia por medio del amor.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Tócanos con tu mano sanadora, Señor, y perdona todos nuestros pecados. Haznos libres y ricos en gracia y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta (Dos opciones)
1. “No guardes la Palabra para ti”
2. “Que tu vida refleje la Palabra de Dios”
3. “Habla en mi Nombre: Tú eres un profeta”
Roguemos para que sepamos compartir con todos
la Buena Noticia de Jesús, Señor nuestro.
(Pausa)
Dios de justicia y misericordia:
Tú nos has librado del mal del pecado
por la vida, muerte y Resurrección
de tu Hijo Jesucristo, que es tu Palabra viviente.
Te pedimos que su vida y su mensaje
nos inspiren siempre para expresar su verdad
y llevar su libertad a todos los hermanos.
No nos des otra certeza
que la de proclamar su Buena Nueva
y la de saber que nuestro compañero de camino
es tu mismo Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
4. Elegido por Dios en Cristo
Roguemos para que sepamos vivir la vida
de los hijos e hijas de Dios.
(Pausa)
Bendito seas, Dios, Padre nuestro,
porque nos has escogido en Cristo
para ser tus hijos e hijas,
liberados ya por la sangre de tu Hijo.
Guárdanos siempre libres
y danos la gracia de vivir una vida
que refleje la Buena Nueva de Salvación
que nos trajo Jesús.
Haz que nuestro espíritu de amor y servicio
sean contagiosos,
para que puedan inspirar y animar
a nuestros hermanos
y atraerlos a ti, nuestro Dios vivo y amoroso.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.
Primera Lectura
“El Señor me tomó y me envió”
Amós tiene que proclamar el desafiante mensaje de Dios que llama a la conversión a un pueblo autosuficiente cuyo culto es meramente exterior. Y allá va Amós a proclamar.
Amasías ordenó a Amós: –Vidente, vete, escapa al territorio de Judá; allí te ganarás la vida, allí profetizarás;
pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el templo real, es el santuario nacional.
Respondió Amós a Amasías: –Yo no era profeta ni discípulo de profeta; era pastor y cultivaba higueras.
Pero el Señor me arrancó de mi ganado y me mandó ir a profetizar a su pueblo, Israel.
Salmo Responsorial
<span style="color: #008000">Del Salmo 84</span>
R. (8) Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra. R.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo. R.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas. R.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Segunda Lectura
Dios nos ha escogido en Cristo
Pablo da gracias a Dios por su plan de Amor. Porque Dios ha escogido a todos para ser sus hijos por medio de la sangre de Cristo y nos ha destinado a ser su Pueblo y herederos de una felicidad eterna.
Bendiciones
¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!, quien por medio de Cristo nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales del cielo.
Por él, antes de la creación del mundo, nos eligió para que por el amor fuéramos consagrados e irreprochables en su presencia.
Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad
para alabanza de la gloriosa gracia que nos otorgó por medio de su Hijo muy querido.
Por él, por medio de su sangre, obtenemos el rescate, el perdón de los pecados. Según la riqueza de su gracia
derrochó en nosotros toda clase de sabiduría y prudencia,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad, establecido de antemano por decisión suya,
que se realizaría en Cristo en la plenitud de los tiempos: que el universo, lo celeste y lo terrestre, alcanzaran su unidad en Cristo.
Por medio de él y tal como lo había establecido el que ejecuta todo según su libre decisión, nos había predestinado a ser herederos
de modo que nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, fuéramos la alabanza de su gloria.
Por él, también ustedes, al escuchar el mensaje de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, creyeron en él y fueron marcados con el sello del Espíritu Santo prometido,
quien es garantía de nuestra herencia, y prepara la redención del pueblo que Dios adoptó: para alabanza de su gloria.
Súplica
Por eso, también yo, al enterarme de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y el amor que demuestran a todos los consagrados,
no ceso de dar gracias por ustedes, y recordándolos en mis oraciones, pido:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la gloria, les conceda un Espíritu de sabiduría y revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
Que él ilumine sus corazones para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, la espléndida riqueza de la herencia que promete a los consagrados
y la grandeza extraordinaria de su poder a favor de nosotros los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa;
poder que ejercitó en Cristo resucitándolo de la muerte y sentándolo a su derecha en el cielo
por encima de toda autoridad y potestad y poder y soberanía, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el venidero.
Todo lo ha sometido bajo sus pies, y lo ha nombrado, por encima de todo, cabeza de la Iglesia,
que es su cuerpo y plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine nuestras mentes
para que podamos comprendamos cuál es la esperanza
que nos da su llamamiento.
R. Aleluya.
Evangelio
Enviados para sanar y salvar
Jesús envía a sus apóstoles, y a nosotros, sus discípulos hoy, a liberar a la gente de todos los poderes del mal que los vuelven menos humanos, y a sanarlos de todas las enfermedades, tanto físicas como espirituales y morales.
Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados.
No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan.
El Padrenuestro
Ustedes oren así:
¡Padre nuestro
que estás en el cielo!
Santificado sea tu Nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo;
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Oración de los Fieles
Nosotros, y todos los miembros de nuestras comunidades, somos llamados por el Señor para anunciar y dar a conocer la Buena Nueva de Salvación.
– Oremos juntos los unos por los otros para que sepamos responder al llamado de Dios de acuerdo con la gracia que nos da a cada uno. Respondamos a cada petición: R/Aquí estamos, Señor; envíanos.
– Señor, Amós era solamente un pastor y un podador de árboles, pero tú lo llamaste y pusiste tus palabras en su boca. Danos el valor de proclamar tu Palabra. Por eso te decimos...
– Señor, Moisés y Jeremías eran tímidos y tartamudos, pero tú los llamaste para hablar claro y dirigir a tu Pueblo. Danos la gracia de proclamar tu Palabra sin vacilación y sin miedo, incluso a los que no estén dispuestos a escucharla. Por eso te decimos…
– Señor, algunos de tus apóstoles eran solo simples pescadores que estaban remendando sus redes, pero tú los llamaste para difundir el Evangelio. Haznos intrépidos para proclamar tu Palabra. Por eso te decimos…
– Señor, el apóstol y evangelista Mateo era un cobrador de impuestos detrás de una mesa, pero tú lo llamaste para curar enfermos y arrojar demonios. Aunque estemos heridos interiormente, danos también la gracia de sanar a nuestros hermanos. Por eso te decimos…
– Señor, nosotros también en nuestras comunidades somos gente sencilla: empleados, amas de casa, oficinistas, estudiantes, sacerdotes, maestros, enfermeros, choferes... Pero tú nos llamas a no tolerar la injusticia y la corrupción, la inmoralidad y la violencia, a defender y regenerar la dignidad humana de los pobres y marginados. Queremos que tú hables claro, Señor, a través de nosotros en favor de todo lo que es justo, bueno y recto. Por eso te decimos…
Oh Dios, Padre nuestro: Que la vida y el mensaje de Jesús, su Evangelio, nos inspiren de tal forma que estemos dispuestos a proclamar audazmente su verdad y a llevar a todo el mundo su auténtica libertad, para que él sea el Señor de todos, ahora y por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
No tenemos nada en qué confiar
excepto en tu fuerza.
Danos a tu propio Hijo Jesús en los signos de pan y vino.
Ayúdanos a ser, para el mundo de hoy,
testigos vivos de Jesús,
con su mensaje de justicia y de esperanza.
Que, mientras él se parte para nosotros
en el pan eucarístico,
sepamos llevar alimento a los hambrientos
y amor y verdad a los satisfechos,
en el nombre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
El Padre nos ha elegido en Cristo para ser sus hijos e hijas y para llevar a cabo su plan de Salvación con Cristo y por medio de Cristo. Por todo esto lo alabamos y le damos gracias.
Invitación al Padre Nuestro
El Padre nos ha elegido en Cristo
para ser sus hijos queridos.
Nos dirigimos a él y le damos gracias
con las palabras del mismo Jesús.
R/ Padre nuestro...
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.
Guárdanos santos y sin mancha
para que vivamos en tu presencia por amor,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino...
Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor,
que nos ha otorgado, por su sangre,
el perdón de nuestros pecados
y las riquezas de su gracia.
Dichosos nosotros, invitados a esta santa cena de suAamor.
R/ Señor, no soy digno...
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú te has dado a nosotros en tu Hijo Jesucristo.
No permitas que seamos posesivos,
sino danos la gracia de percatarnos
de que tu vida y tu amor son nuestros para siempre
en la medida en que estemos sinceramente deseosos
de crecer en ellos, y de compartirlos con nuestro prójimo.
Danos esta actitud y convicción, así como la fuerza
para ponerlos en práctica en nuestra vida,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Dios nos ha confiado su misión: la de llevar la Buena Nueva de su Hijo a un mundo autosuficiente y materializado, poco dispuesto a recibirlo. Nosotros mismos, por nuestra parte, reconocemos que tantas veces somos testigos, pobres y mediocres. A pesar de ello, debemos proclamar el Evangelio con la palabra y con nuestro estilo de vida. Que Dios mismo sea nuestra fuerza y que nos bendiga eficazmente para esta misión, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
