QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – B

Gritando nuestro dolor

Ciclo Litúrgico: B

Introducción

Saludo (Ver Salmo Responsorial)
En esta eucaristía
alabemos al Señor, porque es bueno;
él cura a los desolados
y venda todas sus heridas.
Que Jesús, el Señor, esté con todos ustedes.

Introducción del Sacerdote
Hoy se nos recuerda una vez más que hace mucho tiempo el mismísimo Hijo de Dios gritó su ansiedad y su dolor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Sabemos que el Señor nos ha hecho para ser felices, y, sin embargo, nosotros también tenemos cruces que llevar… Jesús curaba a algunos enfermos, pero ¿qué eran éstos en medio de tantos otros no curados? Recordamos que la cruz llevó a Jesús a la Vida y a la Resurrección y expresamos hoy nuestra confianza y esperanza en un Salvador que sufrió con nosotros y por nosotros.

Acto Penitencial
¿Por qué no nos duele más
ofrecernos miseria unos a otros
con nuestros pecados?
Pidamos perdón a Dios y unos a otros.
(Pausa)
Señor Jesús, tú gritaste desgarradoramente
en el huerto de los olivos:
“Padre, aparta de mí este sufrimiento,
pero que se haga tu voluntad”.
R/Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, en la cruz tú preguntaste:
“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
R/Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú nos has dejado el signo de la cruz
para recordarnos tu sufrimiento
y fundirnos en ella con esperanza.
R/Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdónanos el dolor que nos hemos infligido unos a otros
y el sufrimiento de tu Hijo.
Que él nos lleve a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos a nuestro Dios compasivo
que está cercano a nosotros en Jesucristo.
(Pausa)
Oh Dios bondadoso:
Cuando te gritamos nuestro dolor
en nuestro cansancios, dolores y enfermedades,
recuerda cómo tu Hijo también acudió a ti
en su sufrimiento de muerte.
Fortalécenos en la convicción
de que podemos encontrarte en nuestro dolor
lo mismo que en nuestras alegrías,
y de que tú siempre te preocupas por nosotros
por medio de Aquel que nos mostró cuánto nos amaste,
Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Job 7,1-4. 6-7

Job grita su miseria a Dios
He aquí un hombre que, probado seriamente, grita a Dios su miseria y su soledad. Es un hombre de fe pero lucha por conseguir una respuesta: ¿Por qué sufrir?

1

La vida del hombre en la tierra es como un servicio militar, sus días son los de un jornalero:

2

como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, espera el salario.

3

Mi herencia son meses vacíos, me han sido asignadas noches de sufrimiento.

4

Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré?; se hace larga la noche y me canso de dar vueltas hasta el alba;

6

Mis días corren más que la lanzadera del telar y se consumen sin esperanza.

7

Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la dicha.

Salmo Responsorial

<span style="color: #008000">Salmo 146, 1-2. 3-4. 5-6</span>

R. (cf. 3a) Alabemos al Señor, nuestro Dios.
Alabemos al Señor, nuestro Dios,
porque es hermoso y justo el alabarlo.
El Señor ha reconstruido a Jerusalén,
y a los dispersos de Israel los ha reunido.
R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.
El Señor sana los corazones quebrantados,
y venda las heridas;
tiende su mano a los humildes
y humilla hasta el polvo a los malvados.
R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.
El puede contar el número de estrellas
y llama a cada una por su nombre.
Grande es nuestro Dios, todos lo puede;
su sabiduría no tiene límites.
R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Segunda Lectura

1 Cor 9,16-19. 22-23

“Con los débiles, me hice débil”
A causa de la Buena Nueva de Cristo, Pablo se hizo todo para todos, incluso débil con los débiles.

Error: Libro o formato no reconocido: 1 Cor 9,16-19. 22-23

Aclamación antes del Evangelio

<span style="color: #008000">Mateo 8, 17</span>

R. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades
y cargó con nuestros dolores.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 1,29-39

Jesús curó a muchos que sufrían
Jesús curó a muchos como una invitación a creer en él.

29

Sana y exorciza en torno a la casa

Después salió de la sinagoga y con Santiago y Juan se dirigió a casa de Simón y Andrés.

30

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo hicieron saber enseguida.

31

Él se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Se le fue la fiebre y se puso a servirles.

32

Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados.

33

Toda la población se agolpaba a la puerta.

34

Él sanó a muchos enfermos de diversas dolencias y expulsó a numerosos demonios, a los que no les permitía hablar, porque lo conocían.

35

Oración y misión de Jesús

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.

36

Simón y sus compañeros lo buscaron

37

y cuando lo encontraron, le dijeron:
—Todos te están buscando.

38

Les respondió:
—Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues a eso he venido.

39

Y fue predicando en sus sinagogas y expulsando demonios por toda Galilea.

Oración de los Fieles

Como pueblo que experimenta el sufrimiento, presentemos todas las necesidades y sufrimientos de los hombres a Dios, cuyo Hijo sufrió y murió por nosotros, y digamos: R/ Escúchanos, Señor, y ten piedad.

– Por todos los que predican el Evangelio. Para que lleven la Buena Nueva de Cristo a todos en sus realidades plenamente humanas, y con todas sus necesidades, roguemos al Señor.
– Por los líderes y gobernantes de las naciones. Para que hagan de la justicia y del servicio el fundamento del orden social, y de esa forma lleven a todos un sentido de dignidad y de plena realización humana, roguemos al Señor.
– Por las víctimas de discriminación, por los que buscan seguridad y amor, por los que viven solos y desesperados de la vida, por los enfermos y discapacitados. Para que puedan encontrar al Señor en hermanos que les den amor y esperanza, roguemos al Señor.
– Por todos los que cuidan a los enfermos. Para que no se cansen nunca de tratarlos con atención personal e infinito respeto, como lo harían con el Señor mismo, roguemos al Señor.
– Por todas las comunidades cristianas, especialmente la nuestra. Para que los desalientos y los fracasos no nos amarguen la vida, sino que nos lleven más cerca del Señor; para que todos seamos un solo corazón y una sola alma y no permitamos que nadie entre nosotros viva en necesidad, roguemos al Señor.

Oh Dios vivo y amoroso, tú sabes muy bien nuestras necesidades y preocupaciones y ves nuestros sufrimientos, ya que nos conoces por nuestro nombre. Confiamos en ti a causa de tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
En estos signos de pan y vino
recordamos a tu Hijo Jesucristo.
Acepta nuestra buena disposición
para llegar a ser como él,
y así, cólmanos con su Espíritu
para que también nosotros
nos hagamos débiles con los débiles
y servidores los unos de los otros.
Que de esta forma tu Hijo viva en medio de nosotros
como nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Damos gracias a Dios por mostrarnos en Jesús el poder de su Amor sanador. Por medio de él, nuestro Padre del cielo nos trajo amistad, perdón y fortaleza. Démosle gracias y alabanza.

Invitación al Padre Nuestro
Nuestro Padre del cielo nos ama en Cristo.
Así pues, recitémosle la oración confiada de su Hijo.
R/Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Señor, quizás sea parte de tu plan
que nuestra fe sea probada en tribulaciones y sufrimiento.
Pero líbranos del desaliento y del espíritu de rebeldía,
que se queja de todo y amarga la vida.
Danos la serenidad de saber
que vivimos en la palma de tus manos,
aun en momentos de dificultad y sufrimiento.
Ayúdanos a apoyarnos unos a otros
mientras nos preparamos con alegría y esperanza
para la venida gloriosa de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/Tuyo es el Reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Cordero de Dios,
que cargó con todos nuestros males
y se sacrificó a sí mismo por nosotros
para librarnos de la muerte y de todos nuestros temores.
Dichosos nosotros, invitados a acercarnos a él
con nuestras cargas y sufrimientos.
R/Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
1. Oración de Abandono En Dios (Bto. Charles de Foucauld)
Quien preside la celebración puede recitar despacio la siguiente plegaria como acción de gracias; o todos juntos, si los fieles disponen del texto.

Padre,
me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que fuere,
por ello te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo
con tal de que se cumpla
tu voluntad en mí
y en todas las criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te encomiendo mi alma,
te la entrego
con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

2. ORACIÓN CONVENCIONAL
Oh Dios y Padre nuestro:
Nadie sino tú puede comprender plenamente
las penas y alegrías que experimentamos,
ya que tu Hijo se hizo uno de nosotros.
Por la fuerza que él nos ha dado en esta eucaristía,
que sepamos acercarnos los unos a los otros
y compartir los unos las penas y alegrías de los otros.
Y cuando las palabras nos fallen,
que sepamos estar simplemente cerca de los que sufren
en respetuoso silencio,
a causa de Aquel que está siempre cerca de nosotros
y nos cura de todas las enfermedades,
Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Un gran filósofo y psiquiatra austríaco, Viktor Frankl, afirmó que el modo en que un hombre acepta su destino, y todo el sufrimiento que este conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades —incluso bajo las circunstancias más difíciles— para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. Y aún más, que el dolor no es la única manera de encontrar el sentido de la vida pero es la superior. Pensamiento tan escandaloso, si quieren, como el sufrimiento mismo, que seguirá siendo para los seres humanos un profundo misterio, muy especialmente en tiempos en que le asignamos al bienestar y al éxito un valor inconmensurable. Los cristianos sabemos que la cruz tiene sentido, y es salvadora, porque el Hijo de Dios murió en una cruz. Que ojalá aprendamos a llevar nuestras penas con Cristo en fe y esperanza, que es convicción de la Resurrección. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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