CUARTO DOMINGO DE PASCUA – B

Un Pastor con corazón / “Yo conozco a los míos y los míos me conocen”

Ciclo Litúrgico: B

Introducción

Nota: El Domingo del Buen Pastor es también el Día Mundial de Oración por las Vocaciones. La Misa de hoy encaja muy bien con este tema. Los que quieran concentrarse hoy enteramente en el tema de las vocaciones podrían usar una Misa por las vocaciones tomada de entre las Misas y lecturas para varias necesidades en el Sacramentario y en el Leccionario.

Saludo (Ver Primera Lectura)
No hay otro nombre
por el que nos salvemos
que el nombre de Jesucristo,
crucificado, pero resucitado de entre los muertos.
Que Jesús, el Señor Resucitado,
esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos opciones)
1. Un Pastor con corazón
Siempre esperamos que gente que está a cargo de otros, especialmente en tareas de liderazgo y servicio –médicos, trabajadores sociales, sacerdotes y ministros sagrados– se dediquen responsablemente a los que confían en ellos. Los cristianos no tienen otro modelo que Jesús, el Buen Pastor. Él era todo corazón para con las personas, y estuvo dispuesto a ir tan lejos como dar su vida por ellas. Todos los que tienen responsabilidad para con otros debieran ser como él: no fríos funcionarios, no gente que se contenta sólo con hacer su trabajo, sino gente de corazón, sean laicos, ministros ordenados o pastores; gente totalmente dedicada y comprometida incluso a costa de sí misma. Y no olvidemos que nos han confiado el cuidado de unos a otros como hermanos. Que Jesús, en medio de nosotros, nos inspire y nos guíe siempre.

2. “Yo conozco a los míos y los míos me conocen”
Nos sorprendemos gratamente cuando, a la vuelta de muchos años, alguien nos reconoce y nos llama por nuestro nombre. “¡Él / Ella todavía me recuerda!”, decimos. Jesús nos asegura hoy: “Yo conozco a los míos y los míos me conocen a mí”. Por medio de Jesús, que es uno de nosotros, Dios nos conoce y nos ama y nos llama hijos suyos. Con gratitud celebremos esta eucaristía con Jesús, nuestro Buen Pastor, que nos conoce y nos ama.

Acto Penitencial
Pidamos al Buen Pastor, Jesús, que nos perdone.
Él busca la oveja perdida y no la condena.
Confiamos en su Amor y misericordia.
(Pausa)
Señor Jesús, nuestro Buen Pastor,
tú entregaste tu vida por tus ovejas,
por todos los hombres a quienes viniste a salvar.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, nuestro Buen Pastor,
tú conoces a tus ovejas, a toda tu gente,
y los que te acogen también te conocen a ti.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, nuestro Buen Pastor,
tú tienes todavía otras ovejas que están fuera
y quieres que se integren y pertenezcan a tu rebaño.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor;
ven en nuestra búsqueda
y otórganos a todos la paz de tu perdón y tu amor.
Y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que Jesús sea el Pastor de nuestras vidas.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Por su propia y libre voluntad
Jesús entregó su vida por nosotros
para que viviéramos y nos salváramos.
Danos valor para escuchar su voz
y para seguirlo en nuestro caminar hacia ti.
Que nosotros también
sepamos reflejar el Amor que nos ha mostrado,
preocupándonos los unos por los otros
con la misma generosa amabilidad
que él nos ha mostrado a nosotros.

Primera Lectura

Hch 4,8-12

Salvados en el nombre de Jesús Resucitado
Pedro profesa sin miedo alguno su fe en Cristo Resucitado, en cuyo nombre ha curado de su discapacidad a un lisiado. Jesús es el nombre por el que todos nos salvamos.

8

Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió:

—Jefes del pueblo y ancianos:

9

por haber hecho un bien a un enfermo, hoy nos interrogan para saber de qué manera ha sido sanado este hombre.

10

Conste a todos ustedes y a todo el pueblo de Israel que este hombre ha sido sanado en nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien ustedes crucificaron y Dios resucitó de la muerte.

Gracias a él, este hombre está sano en presencia de ustedes.

11

Él es la piedra desechada por ustedes, los arquitectos, que se ha convertido en piedra angular.

12

En ningún otro se encuentra la salvación; ya que no se ha dado a los hombres sobre la tierra otro Nombre por el cual podamos ser salvados.

Salmo Responsorial

<span style="color: #3366ff">Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29</span>

R. (22) La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Más vale refugiarse en el Señor,
que poner en los hombres la confianza;
más vale refugiarse en el Señor,
que buscar con los fuertes una alianza.
R. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te doy gracias pues me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
Es un milagro patente.
R. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Tú eres mi Dios, te doy gracias.
Tú eres mi Dios, y yo te alabo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
Porque tu misericordia es eterna.
R. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. Aleluya.

Segunda Lectura

1 Jn 3,1-2

¡Realmente hijos de Dios!
Que somos hijos de Dios no es sólo un hermoso pensamiento sino la más profunda realidad, ya que estamos unidos a Jesús, Hijo querido de Dios. Solamente cuando veamos a Dios seremos capaces de entenderlo.

Error: Libro o formato no reconocido: 1 Jn 3,1-2

Aclamación antes del Evangelio

<span style="color: #3366ff">Juan 10, 14</span>

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor;
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 10,11-18

Jesús, nuestro Buen Pastor
Aun cuando la imagen de un pastor y sus ovejas no sea familiar o cotidiana para muchos de nosotros, podemos llegar a comprender la metáfora: Jesús, nuestro Buen Pastor, ha entregado su vida por nosotros y, como Señor Resucitado, nos conduce y nos une, no por la fuerza sino por el conocimiento personal y el amor que tiene por cada uno de nosotros.

11

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.

12

El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, escapa abandonando las ovejas, y el lobo las arrebata y dispersa.

13

Como es asalariado no le importan las ovejas.

14

Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí,

15

como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y doy la vida por las ovejas.

16

Tengo otras ovejas que no pertenecen a este corral; a ésas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor.

17

Por eso me ama el Padre, porque doy la vida, para después recobrarla.

18

Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y para después recobrarla. Éste es el encargo que he recibido del Padre.

Oración de los Fieles

Estamos salvados en el nombre de Jesús, nuestro Buen Pastor, que vive y ruega al Padre por nosotros. Con esta convicción digámosle: R/ Señor, guárdanos en tu Amor.

– Por todos los ministros de la Iglesia. Para que cuiden a sus encomendados con generosa dedicación, siempre altruista, roguemos al Señor.
– Por los líderes de las naciones y por todos los servidores públicos. Para que pongan los intereses de sus encomendados por encima de su provecho y ganancia personal y de su propio bienestar, roguemos al Señor.
– Por todas las iglesias cristianas. Para que trabajen sin descanso para llegar a ser un solo rebaño bajo el único Pastor: Jesucristo, roguemos al Señor.
– Por los que todavía no conocen a Cristo. Para que puedan encontrarlo y escuchar su voz a través de los misioneros y de otras personas que hagan a Cristo visible por la forma como ellos reflejan su vida, roguemos al Señor.
– Por los abandonados, por las víctimas de la injusticia y la pobreza, y por todos los que sufren. Para que se encuentren con hermanos dedicados y generosos que les den esperanza y dirección, roguemos al Señor.
– Por todas las comunidades cristianas. Para que vivamos según creemos y así hagamos creíble el Evangelio en nuestro tiempo, roguemos al Señor.

Señor Jesús, Pastor y hermano nuestro, guárdanos en tu Amor. Que te conozcamos siempre, y respondamos siempre a tu llamado, pues tú eres nuestro Señor por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
Tu Hijo Jesucristo entregó su vida por nosotros
como Buen Pastor
y se entregará de nuevo por nosotros
en estos signos de pan y vino, en esta eucaristía.
Que reconozcamos su voz
en el grito de nuestros prójimos en necesidad
y les demos lo mejor de nosotros mismos
como él hizo por nosotros,
porque él es Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria eucarística
En la Plegaria Eucarística damos gracias a Dios por habernos hecho sus hijos e hijas por medio de Jesús, nuestro Buen Pastor, que murió por nosotros para ser nuestra luz y nuestra vida. Sentimos una auténtica alegría diciéndole al Señor de corazón “¡Gracias!”.

Invitación al Padre Nuestro
Como hijas e hijos queridos de Dios
oramos a nuestro Padre
con la oración de Jesús, nuestro Buen Pastor.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males,
ya que nos has dado a tu Hijo como nuestro Pastor,
para liberarnos del pecado y de toda perturbación
y para unirnos a todos como tu Pueblo.
Guárdanos en tu Amor,
mientras esperamos con gozo
la venida gloriosa de nuestro Salvador, Jesucristo.

Al partir el Pan
Jesús se dejó “romper” por nosotros
para que fuéramos uno en él.
Como él, nosotros también deberíamos “rompernos”
y compartirnos a nosotros mismos
unos con otros.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Buen Pastor,
que entregó su vida por nosotros
y que nos conoce por nuestro nombre.
Dichosos nosotros invitados a su mesa.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre amoroso:
Te damos gracias por el Pan de sí mismo
que nuestro Buen Pastor nos ha dado
en esta eucaristía.
Que él sea la piedra angular, el fundamento,
sobre el que construyamos nuestras vidas
y tu Reino en la tierra,
un Reino de justicia y amor,
de fraternidad y paz.
Y que aprendamos de él
a vivir los unos para los otros.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
Hermanos: Dios nos ama. Estamos seguros de ello. No somos extraños para él. Él está cerca de nosotros en todo lo que hacemos. Que él nos dé la gracia de no ser extraños unos para otros. Que nos edifiquemos mutuamente con la bendición del Señor. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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