TRIGESIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – AÑO C
Lucas 21:5-19
Un buen domingo para todos.
Estamos al final del Evangelio según Lucas, que nos ha acompañado a lo largo de este año litúrgico; Jesús está en Jerusalén, ha llegado a la meta de su viaje y el pueblo se prepara para la fiesta de la Pascua, esa Pascua que para Jesús será la última de su vida. El pasaje del Evangelio que vamos a escuchar sitúa a Jesús en un punto indeterminado de la ciudad, pero ciertamente es un lugar desde el que se puede contemplar el templo de Jerusalén. El evangelista Marcos dice que estaba en el Monte de los Olivos, junto con Pedro, Andrés,Santiago y Juan.
Y, el Monte de los Olivos, como pueden ver en la imagen en el fondo, es el lugar ideal para contemplar la explanada del templo. Hagamos alguna referencia a esta construcción para que podamos entender mejor lo que se nos dice en el pasaje de hoy. El edificio fue encargado por Herodes el Grande. ¿Por qué quiso hacer este maravilloso edificio? Él quería ser un gran constructor del Imperio Romano junto con Agripa, el yerno de César Augusto. Pero también quiso congraciarse con la aristocracia sacerdotal porque el templo que había sido construidodespués del exilio era bastante feo; y también se quiso ganar la simpatía del pueblo que lo consideraba un usurpador porque no era judío, era hijo de un idumeo y de una mujer nabatea.
La construcción se había iniciado en el 19 a.C. y, cuando escucho las fechas de este tiempo, de este periodo, incluso cuando leo hechos de la historia secular, me pregunto siempre lo que estaría ocurriendo en Nazaret en esos años. En el 19 a.C., María debía de tener dos años y José cuatro, y quizá jugaban juntos… (cerramos paréntesis). La construcción de ese templo que ven detrás de mí ha requerido el trabajo de más de 100 mil trabajadores.
Los arqueólogos israelíes afirman que las maravillas del mundo antiguo no eran siete, sino nueve; a las siete clásicas había que añadir dos: Una de ellas era el templo, y cuando se dice templo se entiende algo distinto del santuario. Templo se refería a toda esa explanada y también a los pórticos que estaban a lo largo de los cuatro lados. A uno lo recuerdan muy bien, es el pórtico de Salomón, que era el que estaba al este de la explanada y también el pórtico regio, que corría el lado sur; y luego el Sanedrín, el atrio de las mujeres, el atrio de los israelitas.
Este era el Templo, una maravilla arquitectónica; aún hoy uno se asombra de cómo han podido construirlo en aquel tiempo, con las herramientas que tenían a su disposición. La otra maravilla era el santuario; y por santuario entendemos la parte central, la parte más sagrada del templo, donde estaba el ‘Santo’, la Menorah, el candelabro de siete brazos, y luego el altar para ofrecer incienso al Señor. Recordamos a Zacarías que entró a ofrecer incienso y tuvo la revelación de que sería el padre de Juan el Bautista. Y luego, el santuario, especialmente, el Santo de los Santos, donde se creía que habitaba la gloria del Señor.
El santuario fue construido por mil sacerdotes a los que se les había enseñado el arte de picapedreros porque Herodes no quería que esas piedras fueran tocadas por manos impuras.Se tardó un año y medio en completar el santuario. Luego recordamos además dos lugares muy importantes en esta reconstrucción del templo: la basílica o el pórtico regio, que ya he mencionado y que tenía 185 metros de longitud, en dos plantas y en cada uno de esos dos pisos había cuatro filas de columnas, 40 columnas cada fila y cada columna tenía 10 metros de altura más un capitel corintio de un metro ochenta. Imaginen la maravilla de este pórtico regio. En la planta baja estaba el mercado de corderos, de palomas, ese mercado que Jesús echó fuera a los vendedores.
Menciono, finalmente, la puerta dorada, la ‘puerta hermosa’, puerta de Nicanor, puerta dorada porque estaba toda cubierta de oro. Era una exageración; el historiador Flavio Josefo dice que el grosor del oro era el de una moneda. Debemos recordar que la contemplación de esta maravilla del templo estaba acompañada de la música que se realizaba allí, el canto de los levitas. Los levitas y sus instrumentos se colocaban justo en los escalones, frente a esta puerta de Nicanor, la puerta que separaba el atrio de las mujeres, del atrio de los israelitasdonde estaba el altar donde se ofrecían holocaustos y sacrificios.
En tiempos de Jesús se decía que quien no ha visto a la esplendente Jerusalén, no ha visto la belleza. Quien no ha visto el santuario donde habita el Señor, no ha visto la magnificencia. Y, de hecho, el deseo de todo israelita era contemplar, al menos una vez en su vida, este maravilloso edificio, para ir a ver el rostro del Señor. “Cuando podré ver el rostro del Señor”(Sal 42), dice aquel levita que había sido desterrado hasta las surgentes del Jordán.
Decía que Jesús estaba con un grupo de personas contemplando esta construcción y alguien le dijo: ‘Mira qué maravilla’. Escuchemos la reacción de Jesús:
“A unos que elogiaban las hermosas piedras del templo y la belleza de su ornamentación les dijo: Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado sin dejar piedra sobre piedra. Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder?”
La afirmación hecha por Jesús debe haber no sólo sorprendido y asombrado a todos los presentes, sino que también debió de escandalizarlos. El santuario en el que residía la gloria del Señor era considerado por todos como indestructible e inconmovible, ¿cómo podría Jesús afirmar que no quedaría piedra sobre piedra del templo. ¿Será, quizás, que el Señor no sea capaz de proteger su propia morada? Jesús habría querido evitar esta catástrofe por todos los medios; recordemos que lloró por la ciudad de Jerusalén que había rechazado su Evangelio y que, por tanto, tendría un final dramático.
Jesús había hecho su propuesta de un nuevo mundo, un mundo de hermandad, de compartir, de servicio mutuo, y los que no aceptan su propuesta y quieren perpetuar el mundo viejo, el de la competición, donde el más fuerte subyuga al más débil, los que quieren permanecer en este viejo mundo sólo pueden decretar su propia ruina. Y, efectivamente, la catástrofe llegó 40 años después, cuando el ejército de Tito rodeó y luego destruyó esta ciudad con su templo.
Al fondo ven el famoso relieve del Arco de Tito en Roma, donde están los soldados que llevaban en triunfo el mobiliario del templo y el candelabro de siete brazos, la Menorah. Los presentes se asombraron por lo que dijo Jesús y le preguntan cuándo sucederán estas cosas. Jesús no responde porque no sabe cuándo sucederá, pero él se preocupa por indicar a los discípulos cómo deberán situarse ante este acontecimiento dramático.
Cuando Lucas escribe su Evangelio, del templo ya no quedaba piedra sobre piedra; ya había sido destruido. ¿Cómo interpretar este hecho? ¿Qué lecciones debían extraer los cristianos de este drama? Los que se acercaban al templo era para ofrecer sacrificios, para pedir bendiciones y favores al Señor. Jesús quería que no quedara piedra sobre piedra de esta forma de relacionarse con Dios. Quería que se borrara para siempre del corazón de los hombres esa imagen de Dios adorado en el templo, del Dios que concede sus favores a los que le ofrecen algo, sacrificios, buenas obras, canciones, oraciones, y niega estos beneficios a los que no se someten a él.
El templo de Jerusalén representaba esta relación comercial con el Señor y Jesús quería que fuese eliminado para siempre. El Dios predicado por Jesús es el Dios del amor incondicional y gratuito. El Dios de Jesús ofrece sus beneficios a los malos y a los buenos. La destrucción del templo material debía ser leída como una transición del antiguo templo al nuevo templo del que hablaba Jesús.
Observen al fondo esa foto que tomé en el túnel occidental de la explanada del templo.Esa piedra que ven emerger del muro occidental de la explanada es la piedra de la fundación del mundo. Es el lugar más sagrado del judaísmo (levenascerkía). Dice la tradición de Israel que de esta piedra Dios ha tejido el mundo entero y en esta piedra, y también otra que afloraba en el Santo de los Santos, en esta piedra el sumo sacerdote en el día de Yom Kipur entraba para derramar la sangre de la expiación de los pecados. Esta piedra afloraba a la superficie en el Santo de los Santos.
Noten que delante de esta piedra, repito, el lugar más sagrado de Israel, siempre hay gente en oración diurna y nocturna, especialmente mujeres. De hecho, el muro de las lamentaciones es sagrado porque es el lugar de oración más cercano a esta piedra. El templo material que tenía esta piedra en su centro se ha derrumbado. ¿Qué puede significar este acontecimiento para un cristiano? Significa que esta piedra ha dado paso a otra piedra, la que Dios ha colocado en la Pascua; la piedra angular de un nuevo templo, un templo no material, sino de piedras vivas, de quienes unen su vida de amor a la de Cristo; y desde este templo ascienden al cielo los únicos sacrificios agradables a Dios que son las obras del amor.
Esta es la lectura que Lucas quiere que sus comunidades hagan de la destrucción del templo de Jerusalén. Entonces, ¿cómo vivir este momento de paso del antiguo templo al nuevo templo? Jesús da dos indicaciones, escuchemos la primera:
“Respondió: ¡Cuidado, no se dejen engañar! Porque muchos se presentarán en mi nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayan tras ellos”.
Ya que todos esperan y desean el nacimiento de un mundo nuevo, de un hombre nuevo, Jesús dice que existe el peligro de ser engañado por falsos mesías; se presentarán en su nombre, es decir, como salvador, como ungido del Señor, o sea, como divinos; emplearán la expresión ‘Yo soy’ que es una exclamación que en el evangelio recuerda el nombre de Dios. ‘Estén en guardia’, dice Jesús, ‘no vayan detrás de ellos’.
Esta es una recomendación muy actual, incluso hoy. Hemos tenido experiencias recientes de ideologías y partidos políticos que se han presentado anunciando el advenimiento del nuevo mundo, del hombre nuevo. Se han presentado como salvadores del mundo, pero acabaron resultando diabólicos; y los que los siguieron se han convertido en cómplices de proyectos inhumanos.
También debemos tener cuidado con otros mesianismos, el de la ciencia y de la tecnología, que han impregnado todos los aspectos de nuestra vida. Cuando predican que hay que hacer todo lo que se puede hacer, se vuelven contra el hombre. Cuidado, también, de no confundir el nuevo mundo con la última novedad, con la última moda que proponen los que hoy consiguen captar la atención del público en las redes sociales y hacerla pasar por buena, aunque la moral sea contraria al evangelio.
Tengan cuidado –dice Jesús– porque los engañan; dirán que ha llegado el ‘tiempo’, y aquí el término griego que se utiliza no es χρόνος – kronos, que indica el tiempo del calendario, sino καιρός – kairos; te dirán que es el buen momento, el momento propicio para cambian las cosas; vendrán los que dirán, ‘los tiempos han cambiado; una cierta moral, ciertos valores, son legados del pasado que hay que olvidar, cosas de la Edad Media’. Tengan cuidado –dice Jesús–, no se dejen encantar con propuestas contrarias a mi Evangelio, porque los engañan.
Escuchemos ahora la segunda indicación sobre lo que hay que hacer que él nos da:
“Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se asusten. Primero ha de suceder todo eso; pero el fin no llega en seguida. Entonces les dijo: Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles”.
En este punto, para comunicar su mensaje, Jesús recurre al lenguaje apocalíptico.Sabemos que hoy, lamentablemente, este adjetivo se utiliza incorrectamente como sinónimo de catastrófico, no; apocalíptico no tiene nada que ver con las catástrofes, aunque los periodistas hablen de sequía apocalíptica, de tsunami apocalíptico, de desastre apocalíptico, no. Este adjetivo viene del verbo griego ἀποκαλύπτω – apocalipto; ἀπο (apo) significa alejamiento y καλύπτω (kalypto) ocultar, por lo tanto, es el alejamiento de lo que oculta, de lo que se vela, de lo que impide ver las cosas. Jesús la emplea precisamente en este sentido; no quiere asustarnos sino animarnos porque esto es lo que querían los apocalípticos.
Jesús quiere quitar el velo que nos impide ver nuestra historia, lo que ocurre en nuestro mundo, y verlo con los ojos de Dios. De hecho, habla de guerras, de revoluciones, de terremotos, de hambre y peste, hechos aterradores para nada de nuevo. Es lo que siempre hemos visto en nuestro mundo y lo que está ocurriendo incluso hoy ante nuestros ojos.
El reto es cómo leer estos acontecimientos; y hay dos formas de ver estas realidades. La primera es el desánimo ante algo que es ineludible y se dice, ‘no hay nada que hacer’, ‘hay que bajar los brazos y resignarse porque siempre será así, no podemos hacer nada al respecto, nada cambiará en nuestro mundo, estas cosas siempre ocurrirán y siempre seguirá así; y el nuevo mundo anunciado por Jesús era una utopía y nos da pena’. Si el maligno puede convencernos de que el nuevo mundo que inició Jesús nunca se realizará, ha ganado. Y eso es lo que Jesús quiere evitar. Quiere hacernos ver cómo son las cosas según la mirada de Dios, en los planes de Dios.
De hecho, los autores apocalípticos de la época de Jesús invitaban a leer de forma diferente las situaciones dolorosas de la humanidad, no como dolores que preludian la muerte, sino como los dolores de parto, como las señales de que un nuevo mundo estaba a punto de nacer y, por lo tanto, era la invitación a la valentía, el compromiso en la realización del plan de Dios. Esta es la visión en la que Jesús quiere involucrar a sus discípulos; quiere decirnos que el nuevo mundo está a las puertas, es inminente la transición entre las dos épocas de la historia, entre el viejo mundo y el nuevo mundo. De hecho, unos versículos más adelante (pero que no se leen en el pasaje el pasaje de hoy) Jesús recomendará: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, levanten la cabeza porque su liberación está al alcance de la mano”.
Ahora la pregunta: ¿Se resignará el mundo antiguo a desaparecer o luchará amargamente por sobrevivir, perseguirá a los que se esfuerzan por quitarlo de en medio, por eliminarlo? Escuchemos lo que dice Jesús:
“Pero antes de todo eso los detendrán, los perseguirán, los llevarán a las sinagogas y las cárceles, los conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, y así tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí. Háganse el propósito de no preparar su defensa; yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar. Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán y algunos de ustedes serán ajusticiados; y todos los odiarán a causa de mi nombre. Sin embargo no se perderá ni un pelo de su cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.”
Hay sufrimientos y tribulaciones que suceden sin ser deseados, pero hay otros que hay que tener en cuenta que le ocurrirán ciertamente, si se hacen ciertas elecciones. Si uno elige seguir a Cristo, debe saber que hay un precio a pagar, será la persecución. Jesús no quiso engañar a sus discípulos, no les prometió una vida fácil, no les aseguró aplausos, aprobación por parte de la gente, sino que con insistencia reiteró que la adhesión a él implicaría oposiciones. Dijo que lo que le sucede al Maestro también les sucederá a ellos. Se le llamó Belcebú el amo de la casa, ¿qué se podrá esperar de sus familiares?
¿Por qué esta persecución? Porque Jesús inició un nuevo mundo y el viejo mundo no se resigna a desaparecer. La institución religiosa fue desafiada por el verdadero rostro de Diospresentado por Jesús y reaccionaron. Contra Jesús han tirado piedras, ¿qué pueden esperar los discípulos? La economía del Imperio Romano se basaba en la esclavitud. Entre el 20 y el 30% de la población eran esclavos, luego viene el Evangelio que habla de la hermandad universal y pone en cuestión toda la institución.
¿Qué pueden esperar los anunciadores de esta novedad del amor para todos? Serán perseguidos. Y Jesús lo dijo, ‘Preocúpense si no los persiguen. Ay de ustedes cuando todos hablen bien de ustedes, porque significa que razonan como los paganos, que viven como ellos’. Ahora el problema es cómo comportarse cuando los persiguen, porque la persecución ciertamente vendrá. Es hermoso algo que ya he citado en otro video, lo que le respondió un obispo de Oriente que vivía en una condición dramática de persecución a uno de sus hermanos de Occidente que le preguntó ¿cómo se puede vivir en esta situación tan difícil? Le contestó: ‘Lo que no entiendo es ¿cómo hacen ustedes en Occidente a vivir como cristianos sin ser perseguidos?’
Jesús nos dice ahora cómo deben comportarse sus discípulos en la persecución. Primera indicación que da: ‘Tendrán la oportunidad de dar testimonio’. ¿Qué clase testimonio? ¿Con palabras? No. Tratemos de pensar, ¿cuándo puedes demostrar que eres manso? Ciertamente no cuando estás tumbado en el sofá y disfrutas de una pieza de música clásica en solitario; ese no es el momento en que puedas dar testimonio de tu mansedumbre; tendrás la oportunidad de demostrarla cuando alguien te ofende en la calle y no reaccionas con otra ofensa. ¿Cuándo puedes demostrar que eres una persona generosa? Tu testimonio de generosidad será cuando ayudes a un necesitado. ¿Cuándo podrás testimoniar inequívocamente que eres un discípulo de Cristo? Esto es lo que Jesús dice, que la persecución te ofrece la oportunidad de demostrar que eres capaz de amar a los que te odian, de bendecir a los que te maldicen, de hacer el bien a los que quieren quitarte la vida.
La persecución pone al discípulo en la posición ideal para testificar que con Cristo un nuevo Espíritu ha entrado en el mundo, un poder divino que hace a uno capaz de amar a sus enemigos. Los que no están animados por este Espíritu, responden al mal con el mal, a la ofensa con la ofensa. Recordamos a Lamec que reaccionaba al mal con la represalia, era capaz de matar a uno si lo provocaba. Luego se llegó a una manera más humana de hacer justicia, con la ley del ‘ojo por ojo, diente por diente’. Pero esta no era todavía la nueva justicia traída por Jesús. Así, ‘si alguien te abofetea en la mejilla derecha, ofrece la otra; si te roban su capa, ofrece también la túnica; si te obligan a ir un kilómetro, camina dos’. Si esto ocurre, estamos ante una prueba irrefutable de que un nuevo mundo ha comenzado. Esto es lo que Jesús dice: ‘en la persecución mis discípulos no deben perder la oportunidad de dar este testimonio del más alto amor, el amor al enemigo’.
“Háganse el propósito de no preparar su defensa; yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar”. ¿Por qué no deben preparar su defensa? Porque estarían tentados de prepararla según los criterios de este mundo; ‘no se pongan al mismo nivel de sus agresores, deben dejarse guiar en todo momento por el amor, por la voz del Espíritu’. Entonces las tuyas deben ser siempre palabras no sugeridas por el orgullo, por la voluntad de prevalecer, por la venganza, sino sólo palabras de amor, de paz, de esperanza. La agresividad arruinaría todo. El otro debe entender que lo amas, no que quieres vencerlo; tus perseguidores deben convencerse de que tu fuerza radica en tu fragilidad, en tu debilidad según los criterios del mundo. Luego, tengan en cuenta que no son lobos, son corderos entre los lobos; no se pongan la piel del lobo, no son lobos, compórtense siempre como corderos.
“Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán”. Aquí el evangelista se refiere a una ley prevista en el capítulo 13 del Deuteronomio, donde se dice que cuando uno abandona la fe y se convierte en idólatra, los familiares están autorizados y aún bendecidos si lo matan. Por supuesto, esto no ocurría materialmente, pero es para decir lo grave que era esta elección de abandonar a Dios y convertirse en un idólatra. Jesús dice, ‘mis discípulos se encontrarán también en esta condición de estar aislados de sus propias familias,de ser considerados por la gente como despreciados porque han abandonado la verdadera fe’.Cuando en Israel una persona era aislada de su propia familia, perdía el derecho a la sucesión, el derecho a la herencia. Jesús dice, ‘tengan en cuenta todo esto si quieren ser mis discípulos’.
“Y todos los odiarán a causa de mi nombre”. Esto también es válido hoy. Si predicas el Evangelio sorprenderás a la gente porque siguen otra lógica, otros criterios morales. Si te enfrentas a alguien que acumula riquezas y le haces comprender que es un tonto, te odiará. Si le dices al disoluto que se está deshumanizando, te aborrecerá. Si denuncias las mentiras e injusticias que hay detrás de los poderes fuertes, a los lobbies de las armas, si alzas demasiado la voz, lo pagarás.
Y la promesa final de Jesús, ‘tengan presente que en la persecución no les podrán hacer nada, aunque quizás les quiten la vida’, pero, “gracias a la constancia salvarán sus vidas. No se perderá ni un pelo de su cabeza.” ¿Qué quiere decir Jesús? Realmente quería llegar a esto: sean perseverantes en la persecución, aguanten; lo más que te puedan hacer es quitarte la vida biológica, pero no pueden tocar tu vida real. En griego se llama ‘Ψυχή’ – ‘psijé’, que no es la vida biológica, es la vida que Dios te ha dado y que crece en ti cuando amas, incluso el enemigo. Y a esta vida nadie puede quitártela.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.
