Al ser castigados por aquellos mismos a los que tenían por dioses –y los habían hecho sufrir e irritarse–, abrieron los ojos y reconocieron como Dios verdadero al que antes no habían querido conocer; por eso les sobrevino el peor de los castigos.
Al ser castigados por aquellos mismos a los que tenían por dioses –y los habían hecho sufrir e irritarse–, abrieron los ojos y reconocieron como Dios verdadero al que antes no habían querido conocer; por eso les sobrevino el peor de los castigos.