En efecto, cuando al principio perecieron los soberbios gigantes, la esperanza del mundo se refugió en una balsa, que, guiada por tu mano, transmitió la semilla de la vida a los siglos.
En efecto, cuando al principio perecieron los soberbios gigantes, la esperanza del mundo se refugió en una balsa, que, guiada por tu mano, transmitió la semilla de la vida a los siglos.