DECIMOQUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
EL SIERVO DISCRETO A LA TIERRA PROMETIDA
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos diste a Jesús, tu Hijo,
como el sabio y perfecto siervo tuyo
y también como infatigable servidor del pueblo.
Infunde tu Santo Espíritu en nosotros,
para que, como Jesús,
llevemos a los débiles y desposeídos
su poder sanador y su justicia
con sencillez y humildad,
sin atraer atención sobre nosotros.
Que la gente se percate de que lo que le ofrecemos
es tu cariñoso afecto y atención, tal como nos enseñó
el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Primera Lectura
En la Primera Lectura escucharemos cómo el Pueblo de Dios comienza su marcha hacia una tierra donde podrán servir al Señor en libertad y ser el Reino viviente de Dios: la Tierra Prometida. Pero la marcha será larga, lenta, marcada por sufrimientos, confusiones y vacilaciones, rebeliones momentáneas y traiciones. Sin embargo, Dios está con ellos: “Él no duerme”, dice el texto de hoy. Para los hebreos, lo mismo que para nosotros, Dios está como centinela, vigilando en la noche.
Los israelitas marcharon de Ramsés hacia Sucot: eran seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños;
y les seguía una turba inmensa, con ovejas y vacas y enorme cantidad de ganado.
Como no habían tenido tiempo de preparar comida cocieron la masa que habían sacado de Egipto haciendo tortas de pan ázimo, ya que no había fermentado, porque los egipcios los echaban y no podían detenerse y tampoco se llevaron provisiones.
La permanencia de los israelitas en Egipto duró cuatrocientos treinta años.
Cumplidos los cuatrocientos treinta años, el mismo día, salieron de Egipto los escuadrones del Señor.
El Señor veló aquella noche para sacarlos de Egipto: por eso será para los israelitas noche de vela por todas las generaciones.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros
el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús se nos presenta hoy como el siervo de Dios que sana a todos, pero especialmente a los frágiles y pequeños, expresando su tierno cuidado.
Los fariseos salieron y deliberaron sobre cómo acabar con él.
Pero Jesús se dio cuenta y se fue de allí.
Jesús, el Siervo de Dios
Le seguían muchos; sanaba a todos
y les pedía encarecidamente que no lo divulgaran.
Así se cumplió lo que anunció el profeta Isaías:
Miren a mi siervo,
a mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él pondré mi Espíritu
para que anuncie
la justicia a las naciones.
No gritará, no discutirá,
no voceará por las calles.
No quebrará la caña débil,
no apagará la vela vacilante,
hasta que haga triunfar la justicia.
Y en su nombre
esperarán las naciones.
Oración de los Fieles
– Para que aprendamos de Jesús a ser discretos y humildes en nuestro amor y servicio a los pobres. Roguemos al Señor.
– Para que aprendamos de Jesús a ser muy respetuosos los unos de los otros y que nos preocupemos sobre todo por los que sufren, heridos por la vida. Roguemos al Señor.
– Que el Señor nos comunique su Santo Espíritu para poder trabajar audazmente en nuestro mundo por la justicia, la honestidad y el derecho y dignidad del hombre. Roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Este pan y vino que ahora te presentamos
se van a convertir para nosotros
en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo querido, Jesucristo.
Que el Espíritu Santo permanezca en nosotros
y nos renueve como pueblo que vive fielmente,
sin mediocridad ni términos medios,
el mensaje de justicia y amor, y la vida misma,
de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos has llamado a ser
hermanos y hermanas de Jesús, tu Hijo,
y a tomar parte en su sublime tarea
de servir y curar a los hermanos.
Cólmanos de su actitud de compasión
y de su discreto y afectuoso amor
que levanta a los heridos por el pecado
y a los que se sienten rotos en la vida
Ayúdanos a restaurar a la gente destrozada en su dignidad humana
y a hacerla consciente de que son hijos e hijas tuyos,
a quienes tú amas tiernamente
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hemos oído a Dios afirmar que Jesús es el siervo que le agrada. Jesús nos hace también con él siervos de Dios. Que ojalá le agrademos y que él, como Dios todopoderoso, nos bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.
