DECIMOQUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES

MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, misterioso e inescrutable:
Tú eres el Dios a quien conocemos por sus obras,
por lo que tú haces por nosotros.
Señor, danos ojos y corazón para ver cómo y cuánto
te preocupas por nosotros, tu Pueblo.
Quédate con nosotros, vive en nosotros
para que vivamos para ti y para los demás
con el mismo Amor respetuoso
con el que tú nos has amado y hecho libres,
por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Primera Lectura

Éx 3,13-20

 Prestamos hoy especial atención a la Primera Lectura, en la que Dios revela su nombre a Moisés. Dios es “el que es”; está más allá de todo nombre. Es el que conducirá a su Pueblo lejos de su miseria, a una tierra que mana leche y miel. Es el Dios liberador. Un Dios totalmente otro y, sin embargo, el más cercano al corazón del hombre, que no solo nos ha dado nuestra libertad, sino que la respeta y nos ama.

13

Moisés replicó a Dios:

–Mira, yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de sus padres me ha enviado a ustedes. Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?

14

Dios dijo a Moisés:

–Soy el que soy. Esto dirás a los israelitas: Yo soy me envía a ustedes.

15

Dios añadió a Moisés:

–Esto dirás a los israelitas: El Señor Dios de sus padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a ustedes. Éste es mi Nombre para siempre: así me llamarán de generación en generación.

16

 Vete, reúne a las autoridades de Israel y diles: El Señor Dios de sus padres, de Abrahán, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me ha dicho: Los tengo presentes y veo cómo los tratan los egipcios.

17

 He decidido sacarlos de la opresión egipcia y hacerlos subir al país de los cananeos, hititas, amorreos, fereceos, heveos y jebuseos, a una tierra que mana leche y miel.

18

 Ellos te harán caso, y tú, con las autoridades de Israel, te presentarás al rey de Egipto y le dirás: El Señor Dios de los hebreos nos ha salido al encuentro, y nosotros tenemos que hacer un viaje de tres jornadas por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios.

19

 Yo sé que el rey de Egipto no los dejará marchar si no es a la fuerza;

20

 pero yo extenderé la mano, heriré a Egipto con prodigios que haré en el país, y entonces los dejará marchar.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 11, 28

R. Aleluya, aleluya.
Vengan a mí, todos los que están fatigados
y agobiados por la carga,
y yo les daré alivio, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio

Mt 11,28-30

 Nuestro Señor Jesús no nos promete que no habrá sufrimiento alguno. El dolor, con su misterio, es parte de nuestra evolución humana. Pero nos ofrece unir nuestro sufrimiento al suyo para experimentar que la carga es suave y ligera. Y vivirlo con humildad y mansedumbre, confiando en la Resurrección que espera.

28

Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.

29

Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida.

30

Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Oración de los Fieles

– Por todos los cristianos, liberados por Cristo en el Bautismo. Para que no vuelvan a ser de nuevo esclavos del mal. Roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas. Para que sus miembros seamos hombres y mujeres lo bastante libres de egoísmo para servir generosamente a las necesidades de los demás. Roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que nos olvidemos de nosotros mismos y así sepamos amarnos y ayudarnos unos a otros como hermanos. Roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios liberador: Con tu beneplácito,
tu Hijo Jesucristo se hizo hombre, uno de nosotros,
para liberarnos de nuestras pesadas cargas,
que son fruto de nuestra propia hechura,
y para uncir, junto con nosotros, el yugo del amor.
Ahora, en esta eucaristía,
él viene a nosotros en los signos de pan y vino.
Que él nos dirija y lleve a una tierra
en la que mane la leche y la miel del amor altruista,
dado libremente y libremente recibido,
para que un día nos podamos asentar
como nuevo Pueblo para siempre
en la Tierra prometida del Cielo.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Infinito e independiente Dios:
Con tu beneplácito, tu Hijo Jesucristo se hizo hombre,
para hacernos autónomos y libres, como tú lo eres,
ya que nos hiciste a tu imagen y semejanza.
Continúa en nosotros, tu Pueblo,
tu historia sagrada de responsable libertad.
Haznos libres para servirte;
libres y disponibles para socorrer eficazmente
al hermano necesitado;
libres para trabajar por la justicia,
la dignidad humana, la fraternidad y el amor,
en Cristo Jesús, tu Hijo y nuestro Señor.

Bendición
“Estaré con ustedes”, dice Dios a Moisés. Y lo mismo nos dice también a nosotros. Que nuestro Dios vivo y amoroso, nos bendiga: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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