DECIMOSEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
LOS DOS CAMINOS
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos preguntas
a través de tu Hijo Jesucristo:
¿Qué camino quieren ustedes tomar:
el menos exigente y sin esfuerzo,
o el camino y la puerta estrechos, difíciles
y llenos de obstáculos?
Señor, que, al elegir,
nos decidamos siempre
por el camino de tu Hijo,
porque él es nuestro Señor
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
2 Reyes 19, 9-11. 14-21. 31-35. 36
Ezequías y Jeremías optan por la fe en Dios, contra todos los inconvenientes que ella suponga.
al recibir la noticia de que Tarjaca, rey de Etiopía, había salido para luchar contra él. Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías a decirle:
–Digan a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria.
Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países: exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?
Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor
y oró: Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines: Tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra.
Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo.
Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio,
han quemado todos sus dioses –porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, madera y piedra– y los han destruido.
Ahora, Señor, Dios nuestro
Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías: –Así dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria.
Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; mueve la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén.
porque de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los sobrevivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá!
Por eso así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un terraplén;
por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad –oráculo del Señor–.
Yo defenderé a esta ciudad
Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Por la mañana, al despertar, los encontraron ya cadáveres.
Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
Salmo Responsorial
Salmo 47, 2-3a. 3b-4. 9. 10-11
R. (cf. 9d) Recordamos, Señor, tu gran amor.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, altura hermosa,
es la alegría de toda la tierra. R.
R. Recordamos, Señor, tu gran amor.
El monte Sión, en el extremo norte,
es la ciudad del rey supremo.
Entre sus baluartes ha surgido Dios
como una fortaleza inexpugnable. R.
R. Recordamos, Señor, tu gran amor.
Recordamos, Señor, tu gran amor
en medio de tu templo.
Tu renombre, Señor, y tu alabanza,
llenan el mundo entero. R.
R. Recordamos, Señor, tu gran amor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús dice que hay un camino fácil y espacioso que conduce a la perdición y otro estrecho y arduo que conduce a la Vida. El problema es que el primero es más tentador y por allí vamos tantas veces personas, familias, comunidades y naciones… pugnando por una vida de confort que ignora la dignidad del ser humano y se establece a costa del planeta, nuestra única Casa… Buena pregunta sería: Y nosotros, ¿por qué camino ahora estamos andando?
Las cosas santas
No tiren las cosas santas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
La regla de oro
Traten a los demás como quieren que los demás los traten. En esto consisten la ley y los profetas.
La puerta estrecha
Entren por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella.
¡Qué estrecha es la puerta!, ¡qué angosto el camino que lleva a la vida!, y son pocos los que lo encuentran.
Oración de los Fieles
– Pedimos al Señor que no nos convirtamos en demasiado exigentes con otros, sino que nos haga generosos y afables para tratarlos como nosotros esperamos que ellos nos traten. Oremos.
– Que no busquemos un camino demasiado fácil abonado de mentiras y de pasividad, cuando la vida y el bien de nuestros prójimos pide sacrificios. Oremos.
– Que no toleremos nunca pasivamente el que haya gente discriminada, explotada y excluida. Oremos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús escogió el camino
de la humildad y la pobreza
y todavía aparece en medio de nosotros hoy
en el signo cotidiano de un simple trozo de pan.
Danos, a nosotros y a tu Iglesia –te rogamos–,
la mentalidad de Cristo Jesús:
que no tratemos de impresionar al mundo
con poder y prestigio,
sino cambiar a tu Iglesia desde dentro
con nueva mentalidad;
que sepa proyectarse al mundo
con pobreza de medios
y con el sencillo don del humilde servicio.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Señor de vida:
Tú respetas nuestra libertad
de poder elegir entre dos caminos divergentes:
el camino ancho y fácil de la propia voluntad,
que no lleva a ninguna parte,
o el duro y pedregoso sendero de tu voluntad.
Que tu Hijo esté con nosotros
y camine a nuestro lado
por el único camino que conduce a la vida,
el camino donde tu voluntad
es también nuestra voluntad
y tu felicidad es la nuestra,
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
“Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida.” Sí; algunas veces el camino del Señor no parece recto y derecho y no sabemos bien adónde nos lleva. Pero nuestra fe nos dice que confiemos firmemente en Cristo. Que el Dios todopoderoso los guíe siempre por sus caminos, les dé fuerza y los bendiga: el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo.
