DECIMOSEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
LA VIGA EN TU PROPIO OJO
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Somos gente que todavía no hemos visto
lo que preparas para nosotros;
sin embargo, tenemos que creer en tu Palabra
y caminar hacia adelante en fe y esperanza.
Danos fe, Señor; una fe profunda
que no pida más certeza
que la de que tú sabes a dónde nos conduces
y que todo está bien y seguro
porque tú eres nuestro Dios y Padre
que nos ama, por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Por desertar de Dios, el Reino del Norte de Israel es castigado por medio de la destrucción del país y del exilio de su pueblo.
El rey de Asiria invadió el país y asedió a Samaría durante tres años.
El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaría, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media.
Eso sucedió porque, dando culto a dioses extranjeros, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto;
procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.
El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: Vuelvan de su mala conducta y observen mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a sus padres, que les comuniqué por medio de mis servidores los profetas.
Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios.
Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres y las advertencias que les hizo; se fueron tras los ídolos vanos y ellos mismos se desvanecieron, imitando a las naciones vecinas, cosa que el Señor les había prohibido.
El Señor se irritó tanto contra Israel, que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá,
Salmo Responsorial
R. (7b) Escúchanos, Señor, y sálvanos.
Dios nuestro, nos has rechazado
y nos has deshecho.
Estabas enojado,
pero ahora vuélvete a nosotros. R.
R. Escúchanos, Señor, y sálvanos.
Has sacudido la tierra, la has agrietado;
repara sus grietas, porque se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
nos diste a beber un vino que nos hace temblar. R.
R. Escúchanos, Señor, y sálvanos.
Tú, Señor, nos has rechazado
y no acompañas ya a nuestras tropas.
Ayúdanos contra el enemigo,
porque la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos maravillas,
porque él vencerá a nuestros enemigos. R.
R. Escúchanos, Señor, y sálvanos.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz,
y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.
R. Aleluya.
Evangelio
Aun cuando sabemos que el Señor camina a nuestro lado, no hay lugar para complejos de superioridad. No podemos mirar con desdén y desprecio a las personas de nuestro entorno, solo con el fin de condenarlas. ¿Acaso no juzgamos con frecuencia y condenamos en otros lo que, consciente o inconscientemente, no condenamos en nosotros mismos? Miremos dentro de nosotros y saquemos la viga de nuestros propios ojos antes de denunciar la mota en los ojos de los demás.
El juicio a los demás
No juzguen y no serán juzgados.
Del mismo modo que ustedes juzguen, se los juzgará. La medida que usen para medir la usarán con ustedes.
¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo?
¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte la pelusa del ojo, mientras llevas una viga en el tuyo?
¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacarle la pelusa al ojo de tu hermano.
Oración de los Fieles
– Señor, no nos permitas complacernos en juzgar a otros, sino, como tú lo hiciste, en perdonarlos sinceramente, oremos.
– Señor, que nuestra fe sea un acto de confianza de que estamos en tus manos, de que tú nos quieres felices y sabes a dónde nos conduces, oremos.
– Que el ser conscientes de nuestros propios defectos nos disponga a comprender las dificultades de los demás, oremos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Padre compasivo y generoso:
Tú nos das tus dones sin medida,
pues eres nuestro Padre.
Acepta en estas ofrendas de pan y vino
nuestro gran deseo de aprender de tu Hijo
a amarnos unos a otros sin medida;
nuestro deseo de aprender a entendernos mutuamente
y marchar juntos por los caminos de la paz,
la paz de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo vino al mundo
no para condenarlo sino para salvarlo.
Para eso, ahora, en esta celebración eucarística
se entrega a sí mismo por nosotros
Queremos compartir esa su actitud de entrega.
Haznos mirar dentro de nuestros corazones
y aprender a ver en nuestros prójimos,
más allá de sus faltas y defectos,
el rostro de aquel que vino
para perdonarnos con bondad
y colmarnos con su vida,
Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
“No juzguen y no serán juzgados”, nos ha dicho el Señor. La tendencia a juzgar es tan fuerte y persistente entre nosotros que es muy difícil de erradicar. Que el Señor nos haga más profundamente cristianos, para que nos pueda juzgar más benignamente. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca siempre.
