DECIMOPRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
“MIREN A LOS PÁJAROS DEL CIELO”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios, Padre nuestro,
Te preocupas de los pájaros del cielo
y les dejas encontrar alimento en el tiempo oportuno.
Tú vistes a las flores en el campo
con lindos colores y suave fragancia.
Entonces, ¿por qué inquietarnos?
Te damos gracias por el don de la vida,
por amarnos y preocuparte por nosotros
gratuita y generosamente.
Guárdanos firmemente en tu mano
a causa de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Ser profeta y atreverse a hablar claro y a denunciar, sobre todo a los poderosos, es siempre peligroso. Al profeta Zacarías le costó la vida.
Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos;
olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a los postes sagrados y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén.
Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.
Entonces el Espíritu de Dios se apoderó de Azarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo, y le dijo: –Así dice Dios: ¿Por qué quebrantan los preceptos del Señor? Van a la ruina. Han abandonado al Señor y él los abandonará a ustedes.
Pero conspiraron contra él y lo apedrearon en el atrio del templo por orden del rey.
El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: –¡Que el Señor juzgue y les pida cuentas!
Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco.
El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás.
Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en el panteón real.
Salmo Responsorial
Salmo 88, 4-5. 29-30. 31-32. 33-34
R. (29a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
“Un juramento hice a David, mi servidor, dice el Señor,
una alianza pacté con mi elegido:
‘Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente’.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Yo jamás le retiraré mi amor
ni violaré el juramento que le hice.
Nunca se extinguirá su descendencia
y su trono durará igual que el cielo.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Pero, si sus hijos abandonan mi ley
y no cumplen mis mandatos,
si violan mis preceptos
y no guardan mi alianza,
castigaré con la vara sus pecados
y con el látigo sus culpas,
pero no les retiraré mi favor.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
No desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas”.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya.
Evangelio
Con demasiada frecuencia nos inquietamos y preocupamos mucho más de lo que debiéramos; y por cosas que, después de todo, no tienen mucha importancia. ¿Acaso nuestros miedos e inquietudes no proceden, la mayoría de las veces, de atormentarnos con cosas y acontecimientos del futuro que normalmente resultan no tener fundamento? Estamos confiadamente en las manos de Dios. Él, que cuida de los pájaros del cielo, nos cuida también a nosotros y conoce lo que necesitamos. Preocupémonos, pues, por hacer de su Reino una realidad entre nosotros. Esto es lo realmente importante.
Dios y el dinero
Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.
Confianza en Dios
Por eso les digo que no anden angustiados por la comida [y la bebida] para conservar la vida o por la ropa para cubrir el cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento?, ¿el cuerpo más que la ropa?
Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre del cielo las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas?
¿Quién de ustedes puede, por mucho que se inquiete, prolongar un poco su vida?
¿Por qué se angustian por la vestimenta? Miren cómo crecen los lirios silvestres, sin trabajar ni hilar.
Les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy crece y mañana la echan al horno, Dios la viste así, ¿no los vestirá mejor a ustedes, hombres de poca fe?
En conclusión, no se angustien pensando: ¿qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿con qué nos vestiremos?
Todo eso buscan ansiosamente los paganos. Pero el Padre del cielo sabe que ustedes tienen necesidad de todo aquello.
Busquen primero el reino [de Dios] y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura.
Por eso, no se preocupen del mañana, que el mañana se ocupará de sí. A cada día le basta su problema.
Oración de los Fieles
– Por los periodistas y los que trabajan en medios de comunicación, que tantas veces tienen que denunciar injusticias y corrupción en nuestro mundo. Para que el Señor los proteja y les dé fortalezca, y que nosotros y todo el mundo los escuche y apoye, roguemos.
– Por los pobres y necesitados. Para que puedan experimentar visiblemente en sus vidas algo de la preocupación de Dios por ellos a través de la generosa solidaridad de nuestros corazones, roguemos.
– Por todos nosotros. Para que no nos carguemos con innecesarias preocupaciones y por necesidades superfluas sino que aprendamos a confiarnos en las manos de nuestro Dios, que nos ama, roguemos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú has preparado para nosotros, tus hijos,
la eucaristía,
banquete festivo de Jesús, tu Hijo.
Tú nos provees con un pan y un vino
que dan vida eterna.
Te ofrecemos nuestra vida,
nuestros afanes y esfuerzos,
nuestras nuestros cuidados e inquietudes.
Acéptalos como detalle de nuestra gratitud
y de nuestra honda y perenne confianza
en ti, nuestro Dios amoroso.
Te pedimos todos esto en el nombre de Jesús, el Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
En esta eucaristía
tú has reafirmado nuestra confianza
de que conoces lo que necesitamos
mejor que nosotros mismos;
y de que tú estás con nosotros
por medio de Jesucristo tu Hijo.
Que ojalá permanezca él siempre con nosotros,
para que así podamos olvidar
nuestras pequeños problemas y ansiedades
–tantas veces, pura hechura nuestra–
y concederte el máximo interés y prioridad
a ti, y a tu Reino de bondad y misericordia,
de integridad y de justicia,
confiados siempre en la Palabra del Evangelio:
que lo demás se nos dará por añadidura.
Que ese sea nuestro genuino interés.
siguiendo los pasos de Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Dios realmente cuida de nosotros. Si cuida de los pájaros en el cielo y de las flores en el campo, ¿por qué no habría de cuidar de nosotros? Sí, estamos confiadamente en sus manos. Que este Dios que los ama tiernamente, los siga bendiciendo: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
