DÉCIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
SERVICIO DE RECONCILIACIÓN
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Dios, Padre nuestro,
para hacer posible que nosotros
–pueblo pecador–
viviéramos de nuevo en tu amistad,
tú nos enviaste a tu Hijo Jesucristo
para que tomara sobre sí mismo
nuestras debilidades y fracasos
y muriera con la muerte que nosotros merecíamos.
Por su mediación, haznos tu nueva creación
para que no vivamos ya más
para nosotros mismos
sino para los demás y para ti.
Que su amor nos mueva
a ser sus embajadores de paz y de reconciliación
para toda persona de buena voluntad
tanto en la Iglesia como en el mundo.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo el Señor.
Primera Lectura
Dios nos ha reconciliado a nosotros y al mundo consigo. Él nos atrae hacia sí y nos convierte en una nueva creación por medio de Jesucristo.
Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos murieron.
Y murió por todos para que los que viven no vivan para sí, sino para quien por ellos murió y resucitó.
De modo que nosotros de ahora en adelante no consideramos a nadie con criterios humanos; y si un tiempo consideramos a Cristo con criterios humanos, ahora ya no lo hacemos.
El mensaje de la reconciliación
Si uno es cristiano, es una criatura nueva. Lo antiguo pasó, ha llegado lo nuevo.
Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos encomendó el ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios estaba, por medio de Cristo, reconciliando el mundo consigo, sin tener en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos el mensaje de la reconciliación.
Somos embajadores de Cristo y es como si Dios hablase por nosotros. Por Cristo les suplicamos: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo trató por nosotros como un pecador, para que nosotros, por su medio, fuéramos inocentes ante Dios.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús nos reclama ser personas de palabra; que rechacemos toda ambigüedad sobre nuestra fe y sobre los valores a los que procuramos adherir fielmente. Que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no. Con la claridad, la valentía y la transparencia de los hijos de Dios. Para que el mundo crea.
Respecto a los juramentos
Ustedes, también, han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor.
Pues yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es trono de Dios;
ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey;
ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno.
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia. Para que sea para este mundo un signo constante de reconciliación y paz, roguemos.
– Por nuestras familias cristianas. Para que sean siempre espacios de perdón, de aceptación mutua, de contención y alegría, roguemos.
– Por todos los cristianos. Para que nosotros, que hemos experimentado el perdón de Dios, aprendamos a perdonarnos los unos a los otros sin reservas y de todo corazón, roguemos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios Padre nuestro,
estamos aquí reunidos para darte gracias
por habernos reintegrado a tu amistad
por la muerte de tu Hijo Jesús.
Por su Cuerpo y su Sangre
Levántanos de nuestro desaliento
y de nuestros esfuerzos poco entusiastas;
ayúdanos a derribar nuestras cercas y a salir de ellas
y a otorgar a todos los que nos rodean
la misma aceptación y misericordia compasiva
que tú nos has mostrado
por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro,
tú nos has permitido participar aquí
en la santa mesa de tu Hijo.
Esto ha sido para nosotros la señal
de que tú no recuerdas ya más
el mal que hemos hecho
contra ti y contra nuestro prójimo.
Ayúdanos, pues, a ser tolerantes los unos con los otros,
para construir con confianza y paz
puentes entre amigos y enemigos
y llevar al menos un poco de tu poder sanador
a un mundo que tanto necesita calor y esperanza.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Bendición
Dios nos ha reconciliado consigo por medio de Cristo. Él nos ha hecho ministros, embajadores de reconciliación. Ésta es una tarea difícil y muy delicada. Que el Dios misericordioso nos otorgue este poder y nos bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
