NOVENA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
COMPARTIENDO DESDE LA PROPIA POBREZA
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, que tienes corazón
de padre y de madre a la vez,
y que cuidas de los pobres:
haz justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
A través de tu Hijo Jesús,
nos has enseñado a dar
no solamente de lo que nos sobra,
sino a darnos a nosotros mismos.
Desbarata nuestros cálculos egoístas,
cambia nuestros intereses personales,
muévenos a compartir generosamente
con los hermanos, de tal forma
que nuestro modo de dar sea
como el de Jesús, cueste lo que cueste.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Cuando Tobías agradece al ángel Rafael e intenta compensarle su milagro, el ángel le revela que todo lo bueno que ocurrió es gratuito y procedió de Dios. Es a Dios a quien debe su gratitud y su ofrenda.
Rafael
Cuando acabaron los festejos de la boda, Tobit llamó a Tobías y le recordó: –Hijo, ya es hora de pagarle lo convenido a tu compañero. Y dale aún más.
Así es que lo llamó y le dijo: –Como paga, toma la mitad de todo lo que has traído, y vete en paz.
Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo: –Bendigan a Dios y proclamen ante todos los vivientes los beneficios que les ha hecho, para que todos canten himnos en su honor. Manifiesten a todos las obras del Señor como él se merece, y nunca dejen de celebrarlo.
Si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas y proclamarlas como se merecen. Obren bien, y el mal nunca los dañará.
Vale más la oración sincera y la limosna generosa que la riqueza adquirida injustamente. Vale más hacer limosnas que atesorar dinero.
La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosnas gozarán de una larga vida.
Los pecadores y los malhechores son enemigos de sí mismos.
Les descubriré toda la verdad sin ocultarles nada. Ya les dije que si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas como se merecen.
Ahora bien, cuando Sara y tú estaban rezando, yo presentaba sus oraciones ante la presencia gloriosa del Señor, para que él las tuviera en cuenta. Lo mismo cuando enterrabas a los muertos.
Y cuando te levantaste de la mesa sin dudar, y dejaste la comida por ir a enterrar a aquel muerto, Dios me envió para probarte;
pero me ha enviado de nuevo para sanarte a ti y a tu nuera, Sara.
Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio de Dios y tienen acceso ante el Señor de la gloria.
Por eso bendigan al Señor en la tierra, den gracias a Dios. Yo subo ahora al que me envió. Ustedes escriban todo lo que les ha sucedido. El ángel desapareció.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús, que vivió siempre en las manos de su Padre, señala a sus discípulos de qué manera una pobre viuda estaba también viviendo en las manos de Dios. Tanto, que depositó en la alcancía del templo incluso las monedas que necesitaba para sobrevivir. ¡Qué gran confianza y generosidad!
Invectiva contra los letrados
Y él, instruyéndolos, dijo:
—Cuídense de los letrados. Les gusta pasear con largas túnicas, que los saluden por la calle,
buscan los primeros asientos en las sinagogas y los mejores puestos en los banquetes.
Con pretexto de largas oraciones, devoran los bienes de las viudas. Ellos recibirán una sentencia más severa.
La ofrenda de la viuda
Sentado frente a las alcancías del templo, observaba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.
Llegó una viuda pobre y echó unas moneditas de muy poco valor.
Jesús llamó a los discípulos y les dijo:
—Les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos los demás.
Porque todos han dado de lo que les sobra; pero ésta, en su indigencia, ha dado cuanto tenía para vivir.
Oración de los Fieles
– Señor, te rogamos por tu Iglesia. Presérvala de la tentación de las riquezas y del poder. Te rogamos.
– Señor, te rogamos por las viudas y por los huérfanos. Líbralos a ellos de la desesperación y a nosotros haznos atentos a la necesidad que ellos sienten de compasión y de bondadosa ayuda. Te rogamos.
– Señor, te pedimos por esta nuestra comunidad. Haznos suficientemente generosos para compartir no solamente desde nuestra abundancia, sino también, incluso, desde nuestra carestía y pobreza. Te rogamos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, bondadoso y generoso:
en estos signos de pan y vino
celebramos cómo Jesús, tu Hijo,
se entregó a sí mismo de una vez
para siempre para que nosotros
podamos vivir, amar y ser libres.
Concédenos que aprendamos de Jesús
a preguntar no cuánto podemos compartir
sin herirnos ni lastimarnos,
sino que aprendamos a dejar
que él sea nuestra fuerza
para dar lo mejor de nosotros mismos,
y a responder a su voz
compadeciéndonos sinceramente
de todo el que se encuentra en necesidad.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Generoso y bondadoso Dios:
Tu Hijo vino a colmar a los pobres
(conscientes de su vaciedad)
con tus dones maravillosos
y los llamó bienaventurados;
ayúdanos a descubrir
cuán pobres somos en realidad:
pobres en la fe, en la confianza,
en el amor generoso.
Hazte cercano a nosotros en tu Hijo,
para que estemos disponibles para todos
y compartamos con nuestros hermanos
lo mejor de nosotros sin alarde alguno,
con obras sencillas de servicio y amor,
como lo hizo Jesús, tu Hijo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición
Jesús entregó todo lo que era y tenía –todo su ser– para ofrecer a los otros vida y felicidad. Que, como él, no pongamos límites a nuestra entrega. Que la bendición de Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
