NOVENA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
LA VIÑA DE DIOS
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios bondadoso, tú nos amas.
Hoy nos preguntas a nosotros:
“Pueblo mío, respóndeme:
¿Qué más hubiera podido yo hacer por ti?”
Enséñanos y ayúdanos
a responder con todo nuestro ser
a tu perdón cotidiano en atención
a tu infinita paciencia,
a la riqueza de vida que Jesús nos trae,
a las mociones del Espíritu Santo,
para que seamos un pueblo que da fruto duradero.
Que sepamos llevar
a todos nuestros hermanos y hermanas
una justicia animada por el amor;
que aprendamos a compartir
como tú compartes con nosotros.
Muéstranos tu misericordia
por Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Vamos a escuchar la segunda carta de San Pedro, escrita probablemente por alguno de sus discípulos en el siglo II. El autor nos alerta contra falsos maestros y contra el miedo a la segunda venida de Cristo en la Parusía.
Saludo
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que comparten con nosotros el privilegio de la fe, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo:
que la gracia y la paz abunden en ustedes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
Vocación cristiana
El poder divino nos ha otorgado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a aquel que nos llamó con su propia gloria y mérito.
Con ellas nos ha otorgado las promesas más grandes y valiosas, para que por ellas participen de la naturaleza divina y escapen de la corrupción que habita en el mundo a causa de los malos deseos.
Así, no ahorren esfuerzos por añadir a su fe la virtud, a la virtud el conocimiento,
al conocimiento el dominio propio, al dominio propio la paciencia, a la paciencia la piedad,
a la piedad el afecto fraterno, al afecto fraterno el amor.
Salmo Responsorial
Salmo 90, 1-2. 14-15ab. 15c-16
R. (2b) Tú eres mi Dios y en ti confío.
Tú, que vivas al amparo del Altísimo,
y descansas a la sombra del todopoderoso,
dile al Señor: “Tú eres mi refugio y fortaleza;
tú eres mi Dios y en ti confío”.
R. Tú eres mi Dios y en ti confío.
“Puesto que tú me conoces y me amas, dice el Señor,
yo te libraré y te pondré a salvo.
Cuando tú me invoques, yo te escucharé
y en tus angustias estaré contigo”.
R. Tú eres mi Dios y en ti confío.
“A quien se acoge a mí, dice el Señor,
yo lo defenderé y colmaré de honores;
lo haré disfrutar de larga vida
y haré que pueda ver mi salvación”.
R. Tú eres mi Dios y en ti confío.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, testigo fiel, primogénito de entre los muertos,
tu amor por nosotros es tan grande,
que has lavado nuestras culpas con tu sangre.
R. Aleluya.
Evangelio
La parábola de los labradores o arrendatarios malvados, que arriendan y cultivan la viña, describe con palabras conmovedoras ante todo cómo ama Dios a su pueblo escogido (a Israel, y también a nosotros), cómo un viñador ama a su viña. Este es un tema muy querido por las Escrituras. Dios planta la viña y la cuida con esmero. Dios toma la iniciativa en el amor. Después deja su trabajo para que los trabajadores lo continúen. Se lo confía a ellos y quiere ver cómo da fruto a su debido tiempo.
Parábola de los viñadores malvados
Se puso a hablarles con parábolas: Un hombre plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; se la arrendó a unos viñadores y se marchó.
A su debido tiempo, envió un sirviente a los viñadores para cobrar su parte del fruto de la viña.
Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías.
Les envió un segundo sirviente; y ellos lo maltrataron y lo injuriaron.
Envió un tercero, y lo mataron; y a otros muchos: a unos los apalearon, a otros los mataron.
Le quedaba uno, su hijo querido, y lo envió en último término, pensando que respetarían a su hijo.
Pero los viñadores se dijeron: Es el heredero. Lo matamos y la herencia será nuestra.
Así que lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
Ahora bien, ¿qué hará el dueño de la viña? Irá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.
¿No han leído aquel texto de la Escritura:
La piedra
que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular;
es el Señor quien lo ha hecho;
y nos parece un milagro?
Intentaron arrestarlo, porque comprendieron que la parábola era para ellos. Pero, como tenían miedo a la gente, lo dejaron y se fueron.
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia –que somos nosotros– para que permanezca siempre joven y fiel, e inspire no solo a sus miembros sino al mundo entero con un sentido de firme esperanza y de profundo amor, roguemos al Señor.
– Por todo el pueblo cristiano: Para que sepamos mostrar paciencia y compasión y aceptarnos mutuamente como el Señor nos acepta a nosotros, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros en esta nuestra comunidad. Para que seamos agradecidos porque el Señor nos ha constituido como su viña, como sus arrendatarios, de quienes espera mucho fruto, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, siempre fiel a tu alianza con nosotros:
traemos estos dones de pan y vino ante ti
para celebrar cómo has sellado con nosotros,
tu pueblo escogido, un pacto nuevo y eterno
por medio de la muerte y Resurrección de tu Hijo.
No permitas que nos volvamos orgullosos
de ser el pueblo que tú amas,
sino ayúdanos a ser dignos de tu confianza
y a darte una respuesta de fe profunda
expresada en nuestro servicio a los hermanos.
Te pedimos nos lo concedas por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios todopoderoso:
en esta eucaristía tu Hijo Jesús
ha sido para nosotros
tu Palabra alentadora
y tu alimento reconfortante
para construir tu Reino entre nosotros.
Afianza nuestra esperanza
de que Cristo permanecerá
siempre con nosotros
y de que él es el fundamento
sobre el que construimos la comunidad.
Danos fuerte sentido de inventiva
y de creatividad para compartir,
con todos los que quieran escucharla,
la Buena Noticia que nosotros hemos recibido.
y haz que sepamos responder generosamente
a tu amor siempre fiel.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Señor.
Bendición
Somos viña del Señor, pueblo querido con cariño por Dios. Por eso tenemos que corresponder a su amor. Él nos envía a proclamar, de palabra y de obra, su Buena Noticia, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.
