XIV. Segundo nocturno
Yo dormía, pero mi corazón velaba.
¡Un rumor…! Mi amado llama: Ábreme,
hermana mía, amada mía,
mi paloma sin tacha;
que mi cabeza está cubierta de rocío,
mis rizos, del relente de la noche.
Yo dormía, pero mi corazón velaba.
¡Un rumor…! Mi amado llama: Ábreme,
hermana mía, amada mía,
mi paloma sin tacha;
que mi cabeza está cubierta de rocío,
mis rizos, del relente de la noche.