21 de Diciembre – Feria privilegiada de Adviento
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
LA ALEGRÍA DEL ENCUENTRO
Oración Colecta
Oh Dios, cercano y amigo:
Nosotros tendemos a perdernos
en el ajetreo y el ruido del día,
en nuestro trabajo y en nuestros nimios afanes.
Danos frescura de corazón
para buscar las cosas que son realmente importantes,
ésas que hacen nuestra vida profundamente humana.
Y al mismo tiempo ábrenos a tu mundo,
a tu visión y a tus valores.
Haz que anhelemos encontrarte con alegría
para que descubramos de nuevo el valor incomparable
de la entrega gratuita, del respeto al otro,
del amor espontáneo,
por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Cant 2,8-14 o Sof 3,14-18a /Sofonίas 3, 14-18
Pocas cosas, si es que hay alguna, son más lindas, tanto a nivel humano como divino, que el encuentro entre personas. Un encuentro supone una gran alegría y una gracia incomparable. El libro del Cantar de los Cantares habla del encuentro entre un joven pretendiente y la joven que él ama. Ésta es probablemente una imagen simbólica del amor entre Dios e Israel.
Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado.
Mi amado me habla así:
"Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Mira que el invierno ya pasó;
han terminado las lluvias y se han ido.
La flores brotan ya sobre la tierra;
ha llegado la estación de los cantos;
el arrullo de las tórtolas se escucha en el campo;
ya apuntan los frutos en la higuera
y las viñas en flor exhalan su fragancia.
Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador".
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Canta, hija de Sión,
da gritos de júbilo, Israel,
gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti,
ha expulsado a todos tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel en medio de ti
y ya no temerás ningún mal.
Aquel día dirán a Jerusalén:
"No temas, Sión,
que no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador,
está en medio de ti.
Él se goza y se complace en ti;
él te ama y se llenará de júbilo por tu causa,
como en los días de fiesta".
Salmo Responsorial
R. Demos gracias a Dios, al son del arpa.
Demos gracias a Dios, al son del arpa,
que la lira acompañe nuestros cantos;
cantemos en su honor nuevos cantares,
al compás de instrumentos alabémoslo.
R. Demos gracias a Dios, al son del arpa.
Los proyectos de Dios duran por siempre;
los planes de su amor, todos los siglos.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor;
dichoso el pueblo que escogió por suyo.
R. Demos gracias a Dios, al son del arpa.
En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo;
en el Señor se alegra el corazón
y en él hemos confiado.
R. Demos gracias a Dios, al son del arpa.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Emmanuel, rey y legislador nuestro,
ven, Señor, a salvarnos.
R. Aleluya.
Evangelio
María, embarazada de Jesús, va al encuentro de su prima Isabel, que también está encinta por la gracia de Dios. Y con ellas, de alguna manera, se encuentran Jesús y Juan el Bautista, su precursor. ¡Ojalá nuestros encuentros se les parecieran un poco, como cristianos portadores de Jesús!
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".
Oración de los Fieles
Te rogamos, Señor, que nosotros también te llevemos a nuestros encuentros cotidianos. Por eso te pedimos: R/Que te reconozcamos en nuestras hermanas y hermanos.
– Para que vayamos al encuentro de los demás con tolerancia, comprensión, generosidad y amor, te pedimos.
– Para que tu venida más íntima a nosotros, especialmente en la Eucaristía, nos llene de gratitud y alegría, te pedimos.
– Para que valoremos el don de la amistad, te pedimos.
– Para que aprendamos a regocijarnos con los dones y talentos de los demás, te pedimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre de amor:
En esta eucaristía nos encuentras de nuevo
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Que en estos signos de pan y vino
lo encontremos realmente a él, de modo íntimo.
Que encienda nuestros corazones con su Espíritu
para que sepamos renunciar a nuestras seguridades humanas.
Y nos atrevamos, con él,
a llegar a ser su pueblo
en el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Hemos encontrado a tu Hijo
en su Palabra y en su Cuerpo eucarístico.
Que vayamos con él a proclamar
tu palabra de ánimo y de perenne esperanza.
Y que él nos transforme
en su Cuerpo visible para el mundo.
Para que cada encuentro con nuestros hermanos
se convierta, de ahora en adelante,
en bendición, gracia y alegría
y en entrega generosa a ti
y a todos los hermanos,
por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: La venida de Cristo en Belén trajo alegría al mundo. Con él hay esperanza. ¡No hay ya más espacio para el miedo y la tristeza! ¡Incluso la cruz puede llevarnos a la alegría! Que el Señor nos haga su pueblo, contento y alegre. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
