Entonces el rey ordenó: –¡Déjenlo! Que nadie remueva sus huesos. Así se conservaron sus huesos junto con los del profeta que había venido de Samaría.
Entonces el rey ordenó: –¡Déjenlo! Que nadie remueva sus huesos. Así se conservaron sus huesos junto con los del profeta que había venido de Samaría.