Dalila se le quejó: —Hasta ahora me has engañado, me has dicho una mentira. Anda, dime cómo se te puede sujetar. Él respondió: —Si trenzas las siete trenzas de mi cabellera con la urdimbre de un tejido y las fijas con una clavija, perderé la fuerza y seré como uno cualquiera.
