ASCENSIÓN DEL SEÑOR – AÑO A
Mateo 28,16-20
¡Feliz Pascua!
Cuando llegamos al final de un libro, la historia se concluye, pero no es así con el evangelio. Cuando se llega al final del evangelio comienza una nueva historia. Todo lo que ha venido antes es una preparación para esta historia que comienza con la Pascua y concluirá al final de la historia de la humanidad.
Hoy se presentan los últimos versículos del evangelio de Mateo. Notaremos que propiamente después de estos últimos versículos comienza la historia de la Iglesia. A diferencia de Lucas y Juan que narran las manifestaciones del Resucitado en Jerusalén,Mateo presenta el encuentro del Maestro con los discípulos en Galilea.
Antes del encuentro con los discípulos en Galilea, Mateo ha narrado la manifestación del Resucitado a las mujeres cuando Jesús va al encuentro de las mujeres que habían ido al sepulcro y les dice ‘jáirete’ – ‘alégrense’ y éstas se acercan, le abrazan los pies y lo adoran.Luego, Jesús les dice: “No tengan miedo; vayan a anunciar a mis hermanos…”. –Qué hermoso es este gesto de Jesús… estos discípulos que habían desaparecido y lo habían abandonado… y Jesús dice ‘mis hermanos’… “…díganles que vayan a Galilea y allí me verán”.
La pregunta aparece inmediatamente: ¿por qué en Galilea donde lo verán sobre el monte? Y, ¿de qué monte se trata?
Escuchemos:
Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús. Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron. Los once discípulos fueron a Galilea.
Son once; deberían ser doce. Es un grupo herido; Judas los abandonó pues pensó que Jesús era peligroso para la religión y para la vida de su pueblo. Él había cultivado sus propias convicciones—las que le habían enseñado en la catequesis— y sus sueños, que debieron ser sueños de gloria. Se equivocó y terminó entregando a Jesús a las autoridades religiosas. Pero tampoco los demás fueron modelos de fidelidad.
Notemos que se trata de un grupo marcado por la debilidad, por miedos, por la incapacidad de comprender y seguir al Maestro. Esta es la comunidad a la cual el Resucitado confía la misión de cambiar al mundo. Un grupo muy frágil, débil. Desde el comienzo la Iglesia es una comunidad formada de esa manera, con gente que ciertamente está enamorada de Jesús, pero muy débil. Huye, lo reniega, cree, duda…
Nos damos cuenta que estos ‘once’ somos nosotros. Pero estos once ven la luz del Resucitado. Y aquí se nos muestra cómo también deben abrirse nuestros ojos porque si no vemos al Resucitado no haremos la opción de hombre nuevo que él nos propone. Ante todo, ¿dónde se encuentra el lugar en que hacen esta experiencia del encuentro con el Resucitado?En Galilea. Los otros evangelistas dicen que fueron a Jerusalén… Pero aquí Mateo no está haciendo crónica. Está diciendo cómo se llega a ver al Resucitado.
Lo primero es ir a Galilea. ¿Qué significa Galilea? Es el lugar donde los discípulos han encontrado por primera vez a Jesús y luego estuvieron con él tres años. Prácticamente toda la vida pública de Jesús se desarrolló en torno a aquel lago, en Galilea. Es allí donde Jesús ha mostrado el verdadero rostro de Dios y el rostro del hombre exitoso, del hijo de Dios, de la persona bella. Galilea hace referencia a toda esta experiencia que los discípulos han hecho.
Si no se hace esta experiencia con Jesús, si no se contempla su rostro de Dios y de hombre exitoso, si no se da este primer paso, no se llega a ver al Resucitado. Siempre hay alguien que quiere pruebas de que Jesús ha resucitado para luego ir a comprender algunas cosas del Evangelio… NO. Primeramente se comienza en Galilea, del conocimiento de este Jesús que se ha presentado y se hizo ver durante tres años. No es suficiente ir a Galilea, esto es, conocer a este Jesús de Nazaret. Es necesario ‘subir a la montaña’. Es allí donde el Resucitado convoca. En la llanura no se lo puede ‘ver’. Hay que subir a la montaña. No dice subir a ‘una montaña’, uno cualquiera. NO. ‘A la montaña que él ha indicado’. Y ¿cuál es la montaña que él ha indicado?
Desde el comienzo de su evangelio, el evangelista Mateo nos presenta esta montaña a donde Jesús conduce a todos aquellos que quieren conocer su propuesta de hombre nuevo. Es la montaña de las bienaventuranzas. Luego de que hayas conocido a Jesús y todo lo que él ha dicho y hecho, debes hacer la opción: subir a esa montaña, o sea, aceptar su propuesta de hombre nuevo. Pienso que muchos todavía quieren primero, la prueba de que Jesús ha resucitado y recién luego subir a la montaña de sus bienaventuranzas para poder aceptar su propuesta. De ninguna manera. Es lo opuesto. Primero hay que aceptar sus bienaventuranzas,su propuesta de vida, que es amar y donarse completamente, como él lo ha hecho. Solamente después uno podrá ver que quien acepta estas bienaventuranzas —que Jesús ha encarnadoprimeramente—puede entrar en la gloria.
Si tú pretendes verlo en la gloria, pero no has aceptado su propuesta, o sea que no has subido a la montaña, nunca podrás ver al Resucitado. Podemos hacer una comparación con la relación entre los enamorados. No es que la joven deba tener la certeza total que la vida con ese joven será ciertamente fabulosa. NO. Primeramente debe hacer búsqueda racionalmente y solamente al final verá que la opción ha sido buena, después de haberla hecho. Si no subes a la montaña, tus ojos permanecerán cerrados sobre la mirada que debes tener sobre los bienes de este mundo y por tanto te asirás a ellos, los acumularás… y no podrás ver nunca la gloria de quienes se han desprendido de ellos. Primero hay que donarlos y solamente después se te abrirán los ojos.
Y es a estos discípulos que subieron a la montaña —ciertamente con mucho esfuerzo—que “al verlo, se postraron”. Lo ‘ven’. El verbo empleado en griego es muy importante; no es ‘blepo’ que es la mirada material, lo que todos tienen. Aquí se trata del verbo ‘orao’. O sea, solo después de haber subido a esa montaña, se les abren los ojos y ven ‘más allá de lo verificable’. Reconocen que en Jesús está la verdad sobre Dios y sobre el hombre.
Pero luego dice el evangelio que “algunos dudaron”. ¿De qué se trata? Es lo siguiente: Creo que a nosotros nos sorprenden un poco estas dudas porque nos preguntamos cómo podían dudar si al Resucitado lo tenían allí delante… lo tenían delante de los ojos. Estemos atentos porque Mateo no está contando un dato material.
La resurrección no puede ser comprobada con los sentidos. Los ojos que ven al Resucitado son los ojos del creyente, el de aquellos que subieron a la montaña. Es la visión de aquellos que ya han aceptado las bienaventuranzas del Maestro. ¿Qué quieren decir estas dudas? Quiere decir: ‘¿Lo sigo o no lo sigo?’.
Esto hay que tenerlo siempre muy presente en nuestra fe. Jesús no se preocupa de nuestras dudas. Son cosa natural y van de acuerdo con la fe. Lo más preocupante son las ‘certezas’ que nacen de la convicción de tener en mano la racionalidad, la lógica, de la opción por la fe. NO.
Tenemos la razonabilidad no la racionalidad. La resurrección de Cristo o nuestra fe no pueden ser ‘probadas’. Y cuando se tienen estas ‘certezas’ se acaba muchas veces en la voluntad de imponer a los demás el miedo que, si se hacen preguntas o aparecen cualquier duda, porque teme que estas ‘certezas’ se derrumben. Y de ahí al fanatismo hay un paso. NO.Debemos tener cuidado con estas certezas fanáticas, pero no de las dudas y de los interrogantes.
También diría que hay ciertas certezas del que pregona su ateísmo y también estas certezas preocupan porque permiten instalarse, resignarse en la indiferencia y decir ‘yo ya tengo mis convicciones que lo que cuenta es lo que veo y lo que verifico y lo demás no me interesa’… Y no me pongo dudas e interrogantes que me lleven a buscar con apasionamiento un sentido más alto de la vida. También estas certezas –igual que las precedentes– desembocan en agresividad y fanatismo. Diría: ‘Benditas dudas’… las dudas leales, honestas, sinceras. Dudas del que busca la verdad con apasionamiento y no se contenta con explicaciones frágiles, con frases hechas… ‘todos piensan igual’. NO. Las dudas honestas llevan siempre a la búsqueda.
También el creyente debe saber que en él permanecerán siempre el parásito del escepticismo. Pero, aun así, el Resucitado se hace presente y nos ama, así como somos. No podemos ser de otra manera… somos “gente de poca fe” … que se fían de él, ciertamente,pero solo hasta cierto punto. En las dudas de estos primeros discípulos nosotros encontramoseste cansancio en creer… el cansancio de una fe que requiere una vida nueva. Nos postramos delante del Señor, pero con muchos titubeos.
Escuchemos ahora la gran misión que el Resucitado confía a estos discípulos que somos nosotros… discípulos de poca fe:
Jesús se acercó y les habló: Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
El Resucitado se acerca a estos once pues quiere mostrarles el verdadero rostro de Dios.El Dios que ellos se habían imaginado era un Dios lejano, severo, un Dios que infundía miedo… NO. Jesús se acerca porque quiere mostrarles el verdadero rostro de Dios. Este acercamiento es hasta escandaloso porque cuestiona todas las convicciones que tenemos sobre él.
El Dios cristiano es un Dios que ama estar al lado de la gente y hace caer todas las barreras que separaban a la gente de él. Recordemos cómo estaba construido el templo de Jerusalén. Consistía en una serie de barreras que impedían llegar a ver el rostro de Dios. Y se pensaba y se creía que Dios habitaba en el templo de Jerusalén. Recordemos que en la explanada del templo podían entrar todos. Luego había una barrera que bloqueaba a los paganos y solamente podían entrar los judíos. Pero un poco más adelante había otra barrera que impedían el paso a las mujeres hacia el santuario. Luego otra barrera antes del santuarioporque allí tampoco podían entrar los hombres, sino solo los sacerdotes. Y luego, otra barrera, el velo del templo bloqueaba también a los sacerdotes y solamente el sumo sacerdote podía entrar una vez al año en el día del ‘kipur’ y entraba, pero también con mucho miedo porque la mentalidad era siempre la de un Dios lejano y severo.
En la Pascua, todas estas barreras han desaparecido y ahora podemos contemplar el rostro de Dios. Ya no existe ningún velo que nos impida verlo porque él se acerca a cada uno de nosotros, a esta comunidad de discípulos. Y este Dios se presenta como incómodo porque se hace pobre, no rico como nosotros lo imaginábamos… un Dios a quien la gente debía siempre dar algo… NO. Él es pobre porque lo dona todo. Y esto hace tambalear todas nuestras imágenes de Dios porque si él es pobre, también nosotros debemos hacernos pobres; si retenemos algo ya no somos hijos de este Dios. Un Dios que está dispuesto a perdonar hasta al mayor pecador y dispuesto a aceptar todas nuestras mediocridades. Él nos ama así como somos.
¿Qué les dice a estos once? “Me han concedido plena autoridad”. Es el hijo del hombre del que habla el profeta Daniel en el capítulo 7 cuando el Padre (Dios) entrega a este ‘hijo del hombre’ un reino universal. ¿Qué clase de autoridad, de poder, se le ha concedido a Jesús? No el que el Maligno le quería dar, o sea, los poderes de este mundo… NO. El único poder que Dios tiene es el de dar vida, de hacer vivir. Jesús ha renunciado a todos los poderes de este mundo pues son lo opuesto de la vida divina que es amor.
El Dios que se ha manifestado en Jesús de Nazaret no infunde miedo, no rechaza a nadie,no humilla a la gente. Él se acerca a la persona solo para que la persona viva, comparta su misma vida. Y, ¿qué hace con este poder? ¿Cómo utiliza este poder que se le ha dado, el poder de dar vida? Lo hace por medio de estos once y les dice lo que están llamados a hacer.Y lo primero que dice es ‘vayan’ – ‘vayan al mundo entero’. Se trata de un verbo de movimiento, incluso de movimiento físico, deben moverse para ir a anunciar a todos los pueblos.
Pero no se trata solamente de un movimiento físico lo que deben hacer; deben salir de todas sus tradiciones, de todas sus convicciones para ir al encuentro de la gente a quienes deben entregarles esa vida que Jesús vino a traer al mundo. ¿Qué deben hacer? Se les confía una misión triple a estos once = que somos nosotros. Lo primero: “Hagan discípulos entre todos los pueblos”. ‘Hagan discípulos’… ¿quiénes eran los discípulos en tiempos de Jesús? Eran aquellos que aprendían del maestro. Nosotros permanecemos siempre ‘discípulos’, de ‘discere’ = aprender. Nunca somos nosotros ‘maestros’.
Nosotros estamos invitados a que todas las gentes se unan a este único Maestro que es Cristo. Los discípulos no iban solamente a aprender una lección, sino que vivían con el maestro. Estos once son enviados al mundo para que todos los hombres se unan a la escuela de este Maestro y vivan a su lado, que hagan la experiencia de estar con él. Y deben ir en busca de todos, a todas las naciones.
Se entiende a todas las naciones paganas, las que según la mentalidad del tiempo eran las más alejadas de Dios. Y para los hebreos esto era inaudito. El mesías esperado debía someter a todas las naciones paganas, dominarlas, subyugarlas, explotarlas. Lo que pasa es que Israel no había comprendido el significado de su elección. No se trataba de un privilegio del cual tomar ventaja de frente a los paganos. No habían sido elegidos para gloriarse de su superioridad sino para servir.
Ninguna vocación es para ser superior a los demás sino siempre para estar al servicio de los demás. E Israel había sido elegido para estar al servicio de los pueblos paganos. Debía llevar las bendiciones prometidas a Abrahán a todos los pueblos. Recordemos lo que Dios había dicho a Abrahán: “En ti serán bendecidas todas las familias de la tierra”.
Esta es la gran misión de Israel: llevar estas bendiciones a todas las naciones, a todas las gentes. Esta misión se lleva a cabo a través de los once que –repito– somos nosotros.
Segundo encargo: “Bautizando”. No quiere decir administrar el sacramento del bautismo.Esto es ciertamente algo importante, pero ¿qué significa “bautizar a todos los pueblosconsagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”? ‘Bautizar’. El término griego ‘baptizei’ significa sumergir. En griego existen dos verbos que significan ‘sumergir’. Uno es ‘bapto’ y otro ‘baptizo’. ‘Bapto’ significa sumergir y luego sacar fuera, como cuando lavo una vajilla que la inmerso en el agua y luego la saca fuera. El verbo ‘baptizei’ significa sumergir y dejar dentro. Es lo que nosotros hacemos cuando preparamos pickles… los ‘bautizamos’ en el aceite y vinagre y los dejamos allí. Esto es lo que nosotros estamos invitados a hacer; no simplemente cumplir un rito bautismal que es muy importante y que es señal de la inmersión en la vida de la Trinidad. El que está bautizado en la Trinidad, o sea, comprometido en esta vida de amor y que es solo amor, entra en la vida de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.Luego esta inmersión viene celebrada con esa señal, con ese rito del bautismo.
La tercera misión: “Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado”. Por tanto, la misión no es predicar nuevas doctrinas, sino la de revelar el rostro de Dios y el rostro de hombre que hemos visto en Jesús de Nazaret. Por tanto, se trata de enseñar una práctica. Y ¿qué es lo que hay que practicar? Lo que él ha enseñado, su mandamiento. Y ese es el mandamiento del amor. ¿Cómo se hace para enseñar, para amaestrar? Por la palabra: se anuncia lo que Jesús ha dicho pero este anuncio debe hacerse a través de la vida de estos enviados.
Cuando un pagano encuentra a un cristiano el anuncio se realiza a través de su misma persona. Recordemos lo que dice Pedro en su primera carta, capítulo segundo cuando dice “en medio de los paganos procedan honradamente, y así los que los calumnian como malhechores, al presenciar las buenas obras de ustedes, glorificarán a Dios el día de su visita” (1 Pe 2,12). Es la vida honrada, la belleza irresistible. Si el cristiano anuncia con su vida, todos los que lo ven dirán ‘esta es una persona honrada’, resplandece en ellos la belleza que brilla en el rostro de Jesús de Nazaret.
Estamos llamados a hacer este anuncio de esta manera, anuncio de una vida completamente nueva, una humanidad nueva. También el evangelista Mateo recuerda lo que Jesús dijo a sus apóstoles: “Ustedes son la luz del mundo. Que la luz de ustedes brille delante de la gente para que viendo sus obras bellas –las traducen siempre como ‘buenas’… NO– las obras bellas den gloria a Dios”. Son estas obras bellas las que anuncian al hombre nuevo, que el hombre nuevo ha nacido en el mundo.
Y Jesús les dice a los discípulos y nos dice a todos nosotros: siéntanse responsables de la vida, de la felicidad y de la salvación de sus hermanos y hermanas. Y el evangelio de Mateo concluye con una frase estupenda del Resucitado: “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. Hasta el fin de la historia de la humanidad Él estará siempre con nosotros.
Este es el Dios que no está lejos. Es el Dios que está siempre a nuestro lado. Hoy es la fiesta de la Ascensión. Nosotros tenemos en mente la imagen de la ascensión tal como está presentada en los Hechos de los Apóstoles por Lucas y también en la conclusión del evangelio de Mateo. Ambos han utilizado una imagen comprensible en el mundo helenístico: Dios que habita en el cielo y, por tanto, entrar en la gloria de Dios era presentado con esta imagen de subir hacia el cielo.
El evangelista Mateo presenta la ascensión de Jesús, esto es, el ingreso de Jesús en la gloria, no como una salida hacia el cielo sino como un descenso a esta comunidad de discípulos para entrar en el mundo y presentar con ellos el rostro nuevo y hermoso de Dios, el rostro bello del hombre exitoso, del hombre que es hijo de Dios.
Les deseo a todos una buena Pascua y una buena semana.
