6 DOMINGO DE PASCUA – AÑO A
Juan 14,15-21
Feliz Pascua a todos.
La liturgia nos hace escuchar hoy otro párrafo del testamento de Jesús que hemos comenzado a leer el domingo pasado. Estamos todavía en el cenáculo. Es el momento de la despedida de Jesús de sus discípulos. Sabemos lo difícil que es separarnos de las personas que amamos. Esta separación debe ser bien metabolizada, de lo contrario nos puede dejar heridas profundas para el resto de la vida.
Y Jesús quiere preparar a sus discípulos para que continúen sus vidas sin su presencia física. Jesús les ha confiado a estos discípulos una tarea inmensa, la de cambiar el mundo.Ellos saben que son un grupo pequeño y además herido por la defección de uno de ellos que ya se ha alejado y ha salido del cenáculo. Deben ir a anunciar la belleza del rostro de Diosque han contemplado en Jesús de Nazaret. Un Dios bueno, solamente bueno y que ama de manera incondicional a todos sus hijos e hijas. Y les pide que amen como él ha amado, por tanto, incluso al enemigo.
Es, por tanto, una tarea grande la que Jesús les ha encomendado. Los discípulos se sienten débiles, frágiles. Jesús está por dejarlos. ¿Qué es lo que los discípulos se preguntan? Ciertamente, la pregunta que se hacen es, cómo podremos nosotros cumplir con esta inmensa misión que nos ha confiado. Fue hacia el final del siglo primero cuando Juan escribió estas sagradas palabras que Jesús ha pronunciado durante la última cena. Son las palabras que dieron les aliento a ellos, a los Once que estaban muy desorientados hasta que llegó Pentecostés.
Y son las palabras que también han sostenido a la primera comunidad cristiana durante los primeros años de su vida cuando tuvieron que enfrentar pruebas y persecuciones. Juan escribió este testamento de Jesús para los cristianos de su comunidad de Asia Menor. Es un tiempo de pruebas y de defecciones como menciona el libro del Apocalipsis. Recordemos cómo se presenta el Vidente del Apocalipsis y esto nos da inmediatamente el contexto que las comunidades cristianas están viviendo. Es un tiempo cuando son marginados, expulsados de la sinagoga, objetos de injusticia y de represión.
Esta es el comienzo de la presentación que hace el Vidente: “Yo Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las pruebas… me encontraba en la isla de Patmos a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús” (Ap 1,9). Afirma que es un tiempo en que todos están sufriendo. ¿Cómo vivir este momento? Precisamente es en este contexto que el evangelista Juan quiere presentar a los cristianos de su comunidad esas palabras del Maestro que les han dado valor y consuelo en el tiempo de la Pascua. Tiempo en que debieron superar la prueba de la muerte de su Maestro. Pero estas palabras fueron también escritas para nosotros.
Reflexionemos. Una de las pruebas que todo verdadero creyente experimenta hoy es la percepción de sentirse solo. La gente que vive a su lado, piensa, se comporta siguiendo criterios y valores diversos de los suyos. Si él habla de perdón, de mansedumbre, de castidad, de renuncia, de sacrificio… ¿qué sucede? Que se lo tiene como una persona un poco extraña, obsoleto, con convicciones válidas para tiempos idos. Incluso, a veces, se ríen de él. El cristiano sabe que es inevitable que esto suceda porque la lógica del mundo es incompatible con el Evangelio.
Esto lo dirá Jesús un poco más adelante en su testamento cuando les dice: ‘Ténganlo en cuenta que, si me han odiado a mí, también los odiarán a ustedes… Y cuando esto suceda recuerden que yo ya se los he dicho’. En estas situaciones es importante dejar penetrar en nuestros corazones, como bálsamo, las palabras del Maestro que han consolado y dieron ánimo a los discípulos de las primeras comunidades. Escuchemos: Si me aman, cumplirán mis mandamientos; y yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. En nuestros idiomas tenemos solamente un verbo para decir ‘amar’.
Los griegos tenían al menos cuatro verbos. Uno es ‘agapán’ que es el que se emplea aquí.Nos dicen que en sánscrito existen hasta 80 términos para describir los muchos matices del amor. Pero nosotros tenemos solamente el verbo ‘amar’ y ‘amor’ sustantivo. Entre los verbos griegos, el que aquí se emplea es ‘agapán’. ¿Cuál es la característica de este modo de amar?Es el amor a pesar de todo. El amor de quien no piensa en sí mismo, no piensa en los beneficios que podría esperar de la acción que hace; piensa solamente en hacer feliz al que tiene necesidad. Se pone a sí mismo, con todas sus capacidades, para donar vida. Y, si se tratase de un enemigo, sería una razón más para hacerlo feliz y olvidarse de sí mismo. Más allá de este horizonte de amor es imposible andar.
Este verbo es empleado como característica de la vida del discípulo de Cristo. Para un discípulo de Jesús de Nazaret, ‘vivir’ significa amar. El que no ama de esta manera, vegeta;no vive como persona humana. Ser ‘hombre’ significa amar. Este término ‘agape’, y ‘agapán’ el verbo, se emplea 259 veces en el Nuevo Testamento. Y en el testamento de Jesús, presentado en estos cinco capítulos del evangelio de Juan, el término ‘amor, ‘amar’ se usa 26 veces.
Esto nos habla de la importancia que Jesús da a este mensaje que quiere que permanezcaen el corazón de sus discípulos porque es el centro de la vida de un cristiano. ¿De qué se trata este verbo ‘amar’? No es una emoción del corazón… la que experimentan los enamorados… NO. Eso es ‘eros’ que es algo muy bueno, un impulso que Dios ha puesto. ‘Agapán’ no es buscar al otro para beneficio propio sino buscar la manera cómo yo puedo socorrer al hermano, a la hermana que tiene necesidad de que se le ayude a vivir.
Aquí Jesús pide amor por él mismo. Es una repetición constante porque Jesús quiere este ‘agapán’—aparece cuatro veces en su testamento—. Dice: “Si me aman observarán mis mandamientos… el que observa mis mandamientos, éste es el que me ama observará mi palabra… el que no me ama no observa mis palabras”. Es la primera vez que Jesús habla de esta manera. ¿Qué quiere decir amarlo a él? No se trata de un pedido egoísta… esto sería un ‘eros’ – querer que el otro sea solamente para él… NO.
Aquí quiere decir: seguirlo a él, seguir su propuesta de vida. Quiere decir unir la propia vida a la suya. Como sucede con la esposa que no quiere otros amantes porque su corazón está unido solamente a su esposo con quien sintoniza todos los proyectos de la vida. Este es el amor que Jesús pide: ‘sintoniza tu vida con la mía’. Y hoy Jesús nos invita a evaluar hasta qué punto estamos involucrados con su vida, en su proyecto. Cuánto de nuestra vida estamos dispuestos a jugarnos por él. Él dice: yo comprometo toda mi vida en el ‘agape’. Hago de mi vida un don. ¿Cuánto estás dispuesto a jugarte por mi propuesta?
“Si me aman, cumplirán mis mandamientos”. Tratemos de explicar esta expresión porque en los labios de un enamorado no suena bien esta palabra… a nosotros nos molesta un pocoque se hable de ‘mandamientos’. No nos gusta que se hable de ‘orden’, de ‘disposiciones’…un enamorado no habla de esa manera. Aquí estamos en un contexto de amor, no el contexto del patrón con el empleado asalariado.
¿Qué entiende Jesús por ‘mandamientos’ que son suyos? Tengámoslo presente, Jesús nunca ha hablado de la obligación de obedecerlo. Nunca dijo: ‘Me tienen que obedecer’. Y tampoco nunca dijo que ‘se debe obedecer a Dios’. Cuando se emplea en el Evangelio el verbo griego ‘hüpakuein’ se refiere siempre a las órdenes que da Jesús, no a los hombres o a los discípulos… Manda a los espíritus inmundos, al viento, a las olas agitadas del mar… y éstos deben obedecerle y, de hecho, le obedecen. Son las fuerzas del mal las que deben obedecer. Nunca las personas. Además, el término griego ‘obediencia’ = ‘hüpakuein’ no se encuentra en los evangelios.
La gente no está llamada a obedecer a Dios, sino a asemejarse al Padre del cielo. A vivir en sintonía con la vida que el Padre les ha dado. Y la vida del Padre es el ‘agapán’; la vida totalmente entregada que solo piensa en hacer feliz al otro. Por tanto, no se trata de obedecera órdenes sino a mantener la disposición del corazón para escuchar esta vida divina, al Espíritu, que te indica en cada momento cómo tú puedes manifestar tu amor. La obediencia mantiene en un clima de sujeción y esto es incompatible con el amor. Es la semejanza lo que nos hace crecer.
La semejanza al Padre es perfecta en Jesús. Él siempre obedeció a su identidad de Hijo de Dios y este es el tipo de obediencia que se pide de nosotros. No a mandatos externos sino a nuestra vida de hijos e hijas de Dios. Podríamos parafrasear la respuesta de Jesús sobre su mandamiento de esta manera: ‘Si me amas observa mi vida y compórtate como yo’.Tenemos, por tanto, un solo mandamiento por parte de Jesús: es la voz del Espíritu, es tu identidad de hijo e hija de Dios. De hecho, Jesús acababa de decir: “Les doy un nuevo mandamiento” … un solo mandamiento. ‘Que se amen mutuamente como yo los he amado; así ámense unos a otros y así todos sabrán que son mis discípulos’.
¿Por qué habla Jesús de ‘mandamientos’ – en plural? Jesús tiene un solo mandamiento y él lo ha obedecido siempre, el de la vida divina, el del amor. Pero ahora habla de mandamientos – en plural. La razón es que el único mandamiento se manifiesta después en múltiples situaciones. Así, el amor se debe realizar en cada acción y se debe discernir aquí y ahora lo que el único mandamiento nos llama a hacer. Así, por ejemplo, en cierto momento me pide dar asistencia a un enfermo y quizás sea un enfermo que anteriormente me ha ofendido, me hizo daño, pero aquí se manifiesta el único mandamiento y yo debo escuchar la voz que me viene por ser hijo o hija de Dios. En otra ocasión me pedirá recibir a uno que está pasando necesidad y necesita ser recibido. O quizás a renunciar a mi derecho porque la otra persona tiene más necesidad que yo. En otro momento me pedirá no levantar la mano para ser servido.
Este mandamiento único se manifiesta de diversa manera en distintos contextos. Y esto es lo que Jesús llama ‘mis mandamientos’. Y es que Pablo dice en el himno al amor – en griego: “χρηστεύεται ἡ ἀγάπη” – jresteuetai he agápe. Se lo traduce como ‘el amor es paciente’… NO. El significado auténtico es que el amor sabe adaptarse a toda situación; discierne momento por momento lo que debe hacer en cada situación pues sabe reconocer lo que el Espíritu le pide hacer. Así pues, el único mandamiento está atento a todos los pedidos de amor del hermano o hermana. Y es en este contexto de amor que Jesús habla de otro Paráclito.
La palabra ‘paráclito’ (parakaleo) significa llamado a estar cerca. En latín: ad-vocatus = abogado. ¿Qué es lo que le corresponde al abogado? Defender al que es atacado… del que nos quiere meter en la cárcel, aunque seamos inocentes. Cuando uno es atacado aparece el abogado que nos protege y nos defiende. Y Jesús habla de otro paráclito porque él es el primer paráclito, el que estuvo al lado de sus discípulos. Y ahora hay otro paráclito que continuará a cumplir la misma misión de Jesús. ¿Cuál es la misión protectora del paráclito, del que defiende? No se trata del que viene de parte del Padre del cielo para condenar nuestros pecados. NO.
El adversario es el que me quiere quitar la vida, el que no quiere que yo viva como persona verdadera. Y ¿quién es este enemigo? El Maligno. La mentalidad de este mundo. Toda esa fuerza que te quiere llevar a pensar solamente en ti mismo, a desinteresarte de los demás. Por tanto, es lo opuesto al amor que Jesús propone. ‘Y este paráclito estará con ustedes para siempre’. Será un compañero fiel.
Tratemos de explicitar un poco más quién es este paráclito que está siempre con nosotros, y siempre a nuestro lado, nos protege en todo momento de las fuerzas que nos quieren quitar la vida. Una experiencia que todos nosotros podemos hacer: Si perdono a alguien que me ha hecho un gran daño… se lo podría hacer pagar, pero lo único que lograrées la satisfacción de verlo sufrir; y no lo hago.
El que está guiado por la mundanidad, por la lógica de este mundo, me puede incluso acusar de debilidad, de uno que es incapaz de hacerlo pagar. Pero el hijo de Dios que está dentro de mí, el Espíritu que me ha sido dado me dice: ‘felicitaciones – eres un verdadero hijo de Dios’. Si renuncio a escalar en mi carrera profesional porque de hacerlo entraría en problemas de conciencia… incluso si los amigos me tildan de ingenuo, demasiado sincero, pero al caer de la tarde, cuando estoy solo siento una voz dentro de mí que me dice:‘felicitaciones – te comportaste como un hombre verdadero’.
Esta voz es la voz del Espíritu que está siempre con nosotros y nos protege del enemigo que es la mentalidad maligna que no nos llevaría a amar sino a replegarme sobre mí mismo.Quizás te sentirás fuera de un círculo de amigos, te sentirás fuera de los que piensan de otra manera, incluso te sentirás solo, abandonado por la mundanidad que te ridiculiza, entonces este paráclito te defiende. ‘El Espíritu de la verdad’. ¿Qué significa ‘espíritu de la verdad’? No es que no dice mentiras. Es el Espíritu que te lleva a ser una persona verdadera.
Si no amas no eres una persona verdadera. Y ahora las palabras de consuelo que Jesús dirige a sus discípulos que, en ciertos momentos, indefectiblemente, se sentirán solos y perdidos en medio de aquellos que prefieren seguir las propuestas del mundo. Escuchemos estas palabras del Maestro: No los dejo huérfanos, volveré a visitarlos. Dentro de poco el mundo ya no me verá; ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en el Padre y ustedes en mí y yo en ustedes. Quien recibe y cumple mis mandamientos, ése sí que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.
“No los dejo huérfano” dice Jesús. “Vuelvo a visitarlos”. Traducción: no ‘regreso’ sino ‘vengo’. Si yo pierdo un amigo, me quedo solo… y no soy ‘amigo’, es solo un recuerdo… hay algo mío que se perdió; si una esposa pierde al esposo ya no es ‘esposa’, es ‘viuda’; si un hijo pierde al padre, ya no es hijo, es ‘huérfano’. Cuando Jesús deja este mundo sus discípulos temen quedarse huérfanos; ‘si falta el Maestro… ya no seremos discípulos’, ‘perdimos nuestra identidad’. Pero Jesús dice: “No los dejo huérfanos”. Esto no sucederá. ‘Estaré junto a ustedes de otra manera. Sucederá algo inaudito, experimentarán mi presencia inmensamente más verdadera de la que ustedes experimentaron cuando durante tres años estuve junto a ustedes físicamente’. Volveré a visitarlos. ‘El mundo no me verá más’. El mundo como mundanidad, que solo ve lo material, lo verificable.
Para el mundo Jesús será un fracasado, acabará en el sepulcro, acabado para siempre. En cambio, ustedes continuarán a verme porque yo vivo y ustedes vivirán’. Hemos acabado de decir que ‘vivir’ significa amar; el resto es vegetar; es algo normal, pero si no llego a esa vida que es el amor, no soy plenamente hombre. ‘Ustedes vivirán porque estarán involucrados en mi misma vida, esa vida que me une al Padre y esta misma vida se comunicará a ustedes con el don del Espíritu. Por tanto, mi presencia no será una amistad externa, como la que han experimentado hasta ahora, pero será una vida de perfecta y plena comunión. Y no solo estarán unido a mí, sino que estarán unidos e involucrados en la vida del Padre del cielo’.
Cuando tenemos presente este mensaje que Jesús nos ha dejado, este testamento,entonces toda nuestra vida en este mundo cambia de prospectiva. Vemos cuál es nuestro destino; no solo como va a acabar, sino que también lo que ahora está aconteciendo en nosotros. Estamos involucrados con Cristo en la vida de Dios. Esta es la vida verdadera; el resto es mentira.
Les deseo a todos una feliz Pascua y una buena semana.
